Opinión

9 Ene 2017
Opinión | Por: Fabiola Alfaro

¿Qué nos está pasando?

¿Qué no está pasando que ya no nos conmueve el dolor ajeno? ¿Qué no está pasando que nos divertimos con el sufrimiento del otro? ¿Qué no está pasando que somos indiferentes ante los hechos más desgarradores y decidimos no hacer nada?

¿Qué no está pasando? Esta es una pregunta que me suelo hacer muy seguido y los motivos son muchos: guerras, violencia, dolor. En fin, las razones sobran; sin embargo, ahora quiero enfocarme en una sola, la violencia contra las mujeres y niñas.

El tema de la defensa de los derechos de las mujeres ha sido muy tocado en los últimos años. Ha pasado a formar parte de las agendas de muchos gobiernos; es la causa por la que muchas organizaciones luchan a diario y se han levantado manifestaciones y movimientos; es, incluso, uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) propuesto por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

En los últimos años se han hecho muchos esfuerzos con el fin de que la mujer sea vista de la misma manera que el hombre. Es necesario recalcar que, aunque se han dado importantes avances, la dura realidad es que las mujeres y niñas siguen sufriendo violencia y discriminación en todos los lugares del mundo. Es increíble que a pesar de estar en pleno siglo XXI, las mujeres y las niñas se sigan viendo como un objeto, el cual puede ser usado y desechado a la hora que el hombre quiera.

Esta situación no solamente es propia de los países subdesarrollados, además, no respeta raza, religión, ni clase social.

Solo en el 2016 se suscitaron diversos hechos que conmocionaron al mundo entero. El caso de la adolescente argentina, Lucía Pérez, quien fue drogada, violada y empalada, es uno de ellos; también está el caso de la niña Yuliana Andrea Samboní, quien con tan solo 7 años fue torturada, violada y asesinada, esto estremeció al mundo. Sumado a estos, existen más atrocidades como la trata de personas, la prostitución infantil y un sinnúmero de hechos que atentan contra la dignidad de las mujeres y niñas.

Sin duda alguna El Salvador no está exento de este tipo de situaciones. Apenas iniciamos el 2017 y más datos sobre la red de prostitución de menores que fue desmantelada en 2014 han salido a la luz. La triste realidad de este caso es que niñas han sido explotadas sexualmente, en su mayoría por mujeres jóvenes, durante muchos años. Atentando así contra su dignidad y en contra de sus derechos.

Pero este caso no es el único. La Policía Nacional Civil (PNC) registró alrededor de 2,806 denuncias por otros delitos sexuales como: estupro, violación y violación en menor e incapaz, en el período de enero al 15 de octubre de 2016. El 45.55% de las denuncias fueron realizadas en los departamentos de Santa Ana, San Salvador y La Libertad. Estos datos son realmente alarmantes. Éstas cifras hacen referencia solo a aquellos casos que son denunciados, pero ¿qué de los casos donde nadie dice nada? Sin duda los números deben ser más.

La situación de las niñas y mujeres alrededor del mundo es cada vez más difícil. Ahora no solo tenemos que luchar contra obstáculos para obtener un puesto de trabajo y un salario digno, para ser parte activa dentro de la política de nuestros países o para que nuestra voz sea escuchada; el reto de las mujeres y niñas va más allá de eso. Mientras nuestra sociedad siga siendo machista, por más intentos que hagamos las mujeres, no habrá más que cambios significativos, cuando lo que necesitamos son cambios reales.

Es hora de pronunciarnos, ya no podemos seguir de brazos cruzados. Es hora de unirnos y luchar por aquellas a quienes apagaron su voz.

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