Opinión

27 Abr 2017
Opinión | Por: Karen Vargas

¿Qué le estoy aportando a mi país?

Siempre hemos escuchado decir que los jóvenes somos parte indispensable para lograr el desarrollo, como motor y clave para un futuro prometedor. Sin embargo, no es algo que los jóvenes estemos tomando en cuenta, no es algo en lo que creemos o algo por lo que actuemos. Lo vemos simplemente como palabras bonitas, que llenan una agenda pública o relleno de cualquier discurso político con finalidad de generar esperanza.

Si bien es cierto la juventud centroamericana es clave para lograr el desarrollo de la región, no se puede ignorar que la mayoría de las problemáticas sociales nos afecta directamente, como la pobreza, la falta de oportunidades, poco acceso a educación, salud, empleo decente; además de la violencia armada, la violencia económica, política, psicológica, física.

Y ante estas situaciones sabemos que no todos los países reaccionan de la misma manera. Según los resultados de un estudio realizado por Plan Internacional y el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales –ICEFI-, la niñez y adolescencia no están dentro de las prioridades de los estados. La evidencia obtenida señala que Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua invierten menos de $1 dólar al día per cápita para garantizar todos los derechos de los niños, niñas y adolescentes; mientras que, Costa Rica invierte más de $5 dólares. Esto explica la razón por la que Costa Rica también destaca en su inversión por la educación, lugar donde nuestro país, desafortunadamente, se queda mucho más atrás.

La Asamblea General de las Naciones Unidas, desde 1985, reconoce a las y los jóvenes como las personas entre los 15 y 24 años de edad, y esta definición fue ratificada por la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes. Si trasladamos esta definición a la realidad de nuestro país, me parece difícil de creer que todos los jóvenes entre los 15 y 24 años estén realmente pensando en maneras de vencer cualquier estructura de violencia para llegar al desarrollo. Lo que realmente piensa un joven entre esas edades es cómo salir del país y hacer una vida fuera de él; es triste escuchar decir que cualquier otra región representa un lugar de oportunidades, sin tomar en cuenta el lugar en que nací.

Centroamérica es una región con altos índices de violencia estructural, reflejada en la pobreza que afecta principalmente a los jóvenes, especialmente en la zona del Triángulo Norte de Centroamérica, conformada por Guatemala, Honduras y El Salvador.

Generalmente, la pregunta que prevalece entre nosotros los jóvenes hacia nuestro país, es ¿qué oportunidades realmente me está ofreciendo para superarme? Sin embargo, en un país donde la esperanza está puesta en la juventud y su inversión pública más alta sigue priorizando la militarización y seguridad nacional, aún más que inversión en educación y salud; las preguntas que nosotros los jóvenes deberíamos hacernos es: ¿cuál es mi aporte? ¿Cómo desde mi propia realidad puedo ayudar a mejorar la de otros? Al verlo desde esa perspectiva, en momentos como los que nuestro país enfrenta, nuestro rol como jóvenes toma mayor protagonismo.

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