Opinión

13 Sep 2017
Opinión | Por: Juan Carlos Méndez

Pueblos Vivos, ¿Espectacular?

Pueblos Vivos es la bandera con la que algunos de nuestros municipios se promocionan y, que desde 2009 el Ministerio de Turismo organiza una feria anual, que muestra el potencial de cada uno. Esta ha llegado a conglomerar a 256 de 262 municipios que tenemos al día de hoy, pero para lograr que el desarrollo sea “espectacular”, es necesario prestarles atención a otras problemáticas de fondo, que actualmente se omiten.  

Cuando uno se aventura a conocer el país, o sea, a visitar sus ríos, lagos, montañas, sus municipios y su gente, se da cuenta que tenemos un potencial increíble, pero que, a la vez, está desaprovechado. No es tanto que la pobreza nos limite a crecer, sino son las ganas o la perseverancia con que cada persona en cada rincón del país hace su trabajo.

Adentrarse en el país no es ir a comprar una artesanía a Suchichoto o Ilobasco; o ir a las cascadas de Tamanique o Moncagua; escalar el volcán de Conchagua o el Ilamatepec; el desarrollo del país es más que una oferta turística. No es que esto esté mal, pues el turismo es un factor de crecimiento económico, que pasó de generar 128.2 millones de dólares en 2015 a $214.6 millones en 2016, según datos del Banco Central de Reserva (BCR). Si vemos el desarrollo solo en términos económicos, estaremos ignorando temas como la deserción escolar, la violencia y la salud, problemas que son latentes en todo el país.

Cuando se empieza a hablar de otros factores que no tienen nada que ver con el crecimiento económico, estamos hablando ya de desarrollo territorial. Sin embargo, el desarrollo económico se puede vincular con el desarrollo territorial si se analiza de la siguiente manera: reconocer que crecimiento económico no es lo mismo que desarrollo, porque un territorio puede crecer en términos de su PIB, por ejemplo; y no alcanzar el desarrollo por medio de la adquisición de derechos como agua, internet o luz. Segundo, las personas se integran a la economía por medio del empleo de calidad, empleo que genera un ingreso; tercero, el crecimiento o el volumen de actividad no debe centrarse en un punto específico del territorio, sino debe haber un equilibrio.

Pero, detrás de todo esto hay más variables por analizar: participación ciudadana, políticas de desarrollo, formación y capacitación a la ciudadanía. Variables que, muchas veces, pierden visibilidad por parte de los liderazgos que llevan las riendas del proceso de las políticas públicas. Quizás, el desarrollo territorial es un concepto más liberalizador, pues lo que trata es de empoderar a la ciudadanía y que esta, a través de la descentralización del Estado y desconcentración de funciones, pueda hacer que las personas creen su propio desarrollo y hacer política de una forma más democrática.

Los esfuerzos de desarrollo territorial en nuestro país han ido creciendo en los últimos años; por ejemplo: las ADESCOS se toman más en serio su papel de actores y son tomadas en cuenta por organismos internacionales, y las municipalidades; las asociaciones de municipios y los concejos municipales plurales, también, hacen su intento de ponerse de acuerdo. Además, no podemos dejar atrás lo más importante: el emprendimiento de muchos artesanos y pequeños productores, que con su esfuerzo generan empleo y hacen de los territorios algo atractivo y peculiar.

Por otro lado, la parte institucional de gobierno es importante. Hacer desarrollo territorial implica innovación en los procesos de políticas públicas y articular los esfuerzos. Por ejemplo: hacer que la Comisión Nacional de la Micro y Pequeña Empresa (CONAMYPE) concuerde con el Instituto Salvadoreño de Formación Profesional (INSAFORP) en temas de capacitación a emprendedores, o que la municipalidad se ponga de acuerdo con el Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local (FISDL) para llevar un proyecto.

No se puede hacer desarrollo sin la participación real de todos. El desarrollo de los territorios, de los pueblos de El Salvador, no debe ser un maquillaje que cubra los problemas sociales, sino un proceso liberalizador donde las personas sean espectaculares, a través de sus talentos y lideren los procesos de políticas públicas.

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