Opinión

7 Ene 2016
Opinión | Por: Gracia González

Propósito de año nuevo: ser feliz

Pasamos la página y llegamos al 2016. Nos encontramos con 366 oportunidades (2016 es año bisiesto) de hacer las cosas mejor que el año anterior y cumplir nuestros propósitos de vida. Es momento de sacar una hoja en blanco y comenzar con una larga y prometedora lista de resoluciones para este año que recién estrenamos.

En esta lista podemos enumerar todo tipo de propósitos. Pueden ser materiales, como comprar un carro nuevo o ahorrar; los más comunes suelen ser los físicos, como ir al gimnasio o hacer dieta. También los hay espirituales como asistir a un retiro, hacer oración o hacer una buena obra por otra persona. Hay propósitos emocionales como ser más comunicativo o compartir más tiempo con la familia. Y también existen los propósitos educativos como leer más o aprender un nuevo idioma.

Todos los propósitos suenan bien y lo que tienen en común es un espíritu innegable por mejorar. Lastimosamente, el furor de cumplir con ellos muchas veces se termina a las dos semanas o al mes de haber iniciado el año. Probablemente para abril a duras penas recordaremos cuáles eran esas nuevas metas. Aplica en buen salvadoreño: “llamarada de tusa”.

Yo tengo muchos propósitos por cumplir, pero el mayor de ellos es ser feliz. Suena sencillo. Sin embargo, vivir una buena vida y ser feliz puede ser más complejo de lo que parece, ¿o no? En este momento no voy a decir que la felicidad es una actitud, o que para disfrutar la vida debemos disfrutar las cosas pequeñas. Me remito a los hechos.

El departamento de psiquiatría de Harvard, desde 1938 ha realizado un estudio llamado The Study of Adult Development (Estudio del desarrollo humano) que tomó a 724 sujetos con una edad promedio de 19 años, de distintos estratos socioeconómicos y estudiaron sus vidas (y lo siguen haciendo con algunos que tienen alrededor de 90 años). Como parte del estudio se realizan periódicamente cuestionarios, entrevistas de los sujetos y sus familiares, extensos exámenes médicos, observación de su interacción con sus seres queridos, etc., con la finalidad de conocer a profundidad el desarrollo de su vida y descubrir qué factores los han llevado a tener una vida buena y feliz, o no.

Una de las principales conclusiones del estudio es la siguiente: las buenas relaciones nos mantienen más felices y saludables. Sobre las relaciones, Robert Waldinger, actual director del estudio, menciona tres aprendizajes. El primero es que las conexiones sociales son realmente buenas para nosotros y la soledad resulta tóxica. Las personas que están más conectadas a su familia, comunidad y amigos son más felices, más saludables y viven más. Lo segundo es que no sólo se trata de conocer a más personas, lo que importa es la calidad de tus relaciones cercanas. Finalmente, las buenas relaciones no sólo protegen nuestro cuerpo, sino nuestra mente y conservan nuestra memoria y capacidades intelectuales por más tiempo.

Entonces, para cumplir este propósito de año nuevo y de vida, lo más importante es cultivar profundas y buenas relaciones con nuestros familiares, seres queridos y amigos, donde uno de los factores más importantes sea saber que contamos el uno con el otro. Este camino hacia una vida buena y feliz que mostró el estudio no es una novedad, ni algo que no supiéramos: y una de las formas más obvias en las que puedo pensar para hacerlo es ser amable. No mostrar una amabilidad superficial, sino siendo verdaderamente una persona fácil de amar, buscando compartir proactivamente con nuestros seres queridos. Desde los tiempos de Jesús se nos invita a acercarnos a los demás, a compartir en comunidad y a amar al prójimo como a nosotros mismos. Si el secreto de la felicidad, la salud y el éxito se encuentran en la calidad de nuestras relaciones, ¿cómo consideras que están las tuyas? Siempre es un buen momento para mejorar.

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