Opinión

25 Ago 2017
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

Prohibición de matrimonio adolescente: una moda más

“A los adolescentes les importa un sorbete lo que la Asamblea prohíba o permita, ellos continuarán con sus mismas actitudes y proyectos desviados”.

 

Una adolescente, que vive en condiciones de pobreza, no trabaja, no tiene oportunidades para acceder a una digna educación, sus padres nunca le han hablado sobre noviazgo, sexualidad, o las pocas conversaciones se inclinan para seguir el patrón de sus ascendentes, crece con una mentalidad o proyecto de vida muy diferente a los que crean las leyes y los que abonan al debate sobre temas de interés nacional: la niña ya creció, tiene cuerpecito, búsquese un hombre que la mantenga, acompáñese, cásese, tenga un hijo, tenga otro y el siguiente… todo con el aval de los padres.

De ese patrón se crea el problema jurídico, se avocan a los tribunales para que condenen a los que han tenido relaciones sexuales con una menor de 18 años, aunque sean novios, con el consentimiento de ambos, pero solo porque el Código Penal lo dice. Se debe condenar a fin de proteger la indemnidad y la libertad sexual de las víctimas, sin importar que esté embarazada, tengan un hijo en común, decidan convivir, el padre aporte económicamente al hogar, sea compañero de vida y padre responsable. El siguiente paso es separar al imputado del hogar, dejar de proveer el sustento para su compañera de vida y su hijo, desintegrar a la familia y mandarlo a morir a la cárcel. Mientras que su compañera de vida sufre emocionalmente y su hijo crece sin la figura paterna, y con afectaciones psicológicas.

Algunos tribunales de justicia, después de estudiar el caso, realizaron un análisis de ponderación de derechos fundamentales y  recordaron que el artículo 32 de la Constitución establece que la familia es la base fundamental de la sociedad y el Estado tiene que protegerla; por lo que, antepusieron el derecho a la unión familiar sobre la sanción de ilícitos penales.

A raíz de estos criterios jurisprudenciales, un matutino publicó el resultado de una investigación sobre matrimonios entre adolescentes, acompañado de estadísticas, críticas a tribunales de justicia por permitir estos matrimonios, comentarios negativos de instituciones públicas y organizaciones no gubernamentales acerca de esta permisión, y críticas al artículo 14 del Código de Familia por dar el aval para casarse a adolescentes en ciertas circunstancias. Estas publicaciones encendieron el debate e hicieron saltar las alarmas en la Asamblea Legislativa, haciendo, inmediatamente, propuestas para prohibir el matrimonio de adolescentes, aprobado casi con dispensa de trámites.

¿El problema es la autorización de matrimonios de adolescentes? Bien, eso ya está solucionado. ¿Pero la raíz del problema (embarazo a temprana edad) se solucionará solo con el hecho de prohibir el matrimonio adolescente? No, rotundamente no.

Si el objetivo es un plan integral y se empieza con no autorizar el matrimonio de adolescentes, es aceptable estrategia. Pero, no creo que sea así. La casuística me ha demostrado que un problema solo es maquillado para hacer creer que trabajan por solucionarlo, aunque eso represente cero disminuciones de adolescentes embarazadas. Lo único que se logrará es un aumento de uniones no matrimoniales, mayor hacinamiento en las cárceles, más hogares desintegrados y más niños desamparados.

La ley no está acorde con la realidad cultural, y en vez de cambiar la primera (que es la solución más fácil), cambiemos nuestra realidad. A los adolescentes les importa un sorbete lo que la Asamblea prohíba o permita, ellos continuarán con sus mismas actitudes y proyectos desviados.

La solución de la problemática pasa por brindar educación de calidad, por cambiar la mentalidad de los niños y niñas, por transmitirles la idea que hay metas más allá de un embarazo y unión a temprana edad. Y, especialmente, por eliminar la etiqueta de tema tabú e impartir asignaturas de educación sexual en los centros educativos.

Irónicamente, los que están de acuerdo con prohibir el matrimonio adolescente les asusta la idea de la educación sexual. Pero es necesaria. O mejor pregúntenles a los doctores y al personal de las unidades de salud y hospitales públicos. Ellos quisieran correr a las casas y escuelas a impartir educación sexual.

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