Opinión

13 Abr 2018
Opinión | Por: Mario Matheu

Presidentes sin presidencia, tierra sin presidentes

Existe un sentimiento frenético por el siguiente presidente de la República. Estamos tan ansiosos por el relevo del mañana y nos estamos recluyendo del próximo año, y dos meses que hacen falta del último periodo. Estamos lanzado por la ventana cualquier solución en el presente creyendo que “no importa lo que pase hoy, porque la solución llegará mañana”.

Con tanta propaganda política, muchos en El Salvador se encuentran frente a un acantilado viendo al horizonte con un sol iluminado, escondiéndose en un nostálgico atardecer. Ellos están planeando el mañana, construyendo en sus mentes una ciudad sobre el cielo, algo humilde pero funcional; algo con defectos, pero mejor que el pasado. Esa imagen solo puede evocar esperanza, deseos por vivir en la futurista mañana.

Mientras estás personas ven con optimismo el porvenir, detrás de ellos se encuentran varios grupos tratando de apagar un devastador incendio, que va cobrando vidas, hogares, la tierra misma. Existen grupos desesperados intentando apagar la catástrofe, otros resignados a la tragedia y unos pocos, solo ven el fuego arder. La situación genera incertidumbre, dejadez, tristeza, temor, odio. Solo un 1% le da valor y motivos para seguir; esos héroes ni tienen tiempo para darse a conocer.

Pensar ese cuadro solo me genera incertidumbre. ¿Dónde debería ir? Con el grupo de ilusos que tratan un incendio con huacales o con los idealistas embelesados por las palabras de mesías sin religión. Porque no es una opción quedarse en el medio y tampoco construir con las cenizas que va dejando la catástrofe.

Siguiendo el mañana: ¿la paz?

Me siento tonto estando aquí, porque sé lo que pasa detrás de mí (aquí es donde reluce la frase “Bendita sea la ignorancia”). Si fijo mi mirada al sol veo profetas un poco desalineados y algunos detrás un tanto borrosos, como peligrosos.

Primero, todos tienen más talle de norteños que de salvadoreños. Por cierto, el DUI puede decir una cosa y la descendencia cercana otras. Me generan poca confianza, es más, a un par les temo.

Segundo, no sé cómo apoyarlos, ni me guían, ni me motivan. Repiten más la palabra “haremos” y no “hagamos”, al final solo me pregunto ¿quiénes harán qué? ¿Me involucrarán para hacer algo? ¿De verdad quieren que hagamos algo a parte de votar por ellos?

Tercero, poco les entiendo, pero me refiero en muchos sentidos, no solo a lo que hablan. En ciertos momentos la batalla se centra entre ellos, otras veces en el golpeado mañana, muchas en el muerto pasado y muy pocas en algo tangible, realista y bien pensado. Señores, cualquiera puede tener visión en sus ideas, pero para cumplir la visión no se requiere poder político; solo un par de osados, tocar algunas puertas y darse contra la pared intentando algo, ¡Y NO! Tener una empresa no cuenta como experiencia para liderar un gobierno o un país.

Por lo demás, apelando a mi ignorancia y al beneficio de la duda, se ve que algo bueno se va formando. Un ambiente de ideas constructivas se forma, los jóvenes se organizan (o al menos están de acuerdo en el internet), a muchos se les ve disposición de apoyar y algunos de los seguidores ya comenzaron por hablar de una extensión, que nos lleve más allá del acantilado. Solo espero que la propaganda no me haya ganado.

Viviendo el presente: La guerra

Lastimosamente, no hay mucho que decir. Estar aquí solo me hace llorar. Espero que mis lágrimas ayuden en apagar un centímetro del fuego. Nos encontramos lejos de los otros, no escuchando o escuchan con oídos sordos. Si me preguntan, no sé aquí quien dirige o, al menos, quien manda.

En algunos sectores se ve como se ha logrado controlar el incendio, otras se dan por pérdidas. En una muy particular se ve tranquilidad, porque el incendio cesó a causa de un río de sangre. Las llamas apestan, destruyen la tierra, ya llegado al punto de dejar hoyos en el suelo imposibles de tapar, parecen trincheras. ¡ES UNA GUERRA! Es lo único que pasa por mi mente.

A la izquierda se dice que ya no hay escape, a mi derecha se mencionan posibilidades de victoria. ¿Será que habla la ignorancia o la ciega esperanza? Frente a mí se elevan llamas como olas incontrolables y por detrás, bueno, es el cuento que acaban de escuchar.

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