Opinión

19 Jul 2017
Opinión | Por: Karen Vargas

¿Por qué a los jóvenes no nos interesa la política?

Cada vez es más común escuchar un repetido discurso sobre la desafección o desinterés de los jóvenes hacia la política. También, es común escuchar que nosotros como jóvenes tenemos una muy buena y argumentada lista de razones, que justifican nuestras actitudes y predisposición hacia el sistema político salvadoreño.

La Encuesta Nacional de Juventud de IUDOP indica que solo el 16.7% de los jóvenes salvadoreños manifiesta algún nivel de interés por la política de su país. Sin embargo, los jóvenes casi siempre estamos emitiendo nuestra opinión sobre asuntos políticos, aún sea para demostrar enojo o resignación sobre estos. Al parecer siempre estamos enterados de lo que está sucediendo con nuestros representantes políticos (diputados, alcaldes, ministros), pero no creemos que valga la pena involucrarnos.

“No tengo necesidad de saber”, “los diputados no hacen nada”, “no hacen nada más que robar”, “no me interesa porque nunca se podrá hacer nada al respecto”, “solo buscan sus propios beneficios”. Las anteriores afirmaciones son las respuestas más repetidas en los estudios cualitativos, o encuestas de opinión pública, sobre el tema. Se perciben sentimientos de repulsión, rechazo, descontento y desesperanza hacia el trabajo de los diputados y diputadas o cualquier otro actor político; y se maneja el discurso que la política y los políticos son corruptos, no hacen nada en su rol  y ni siquiera se tiene claro qué hacen.

Sin embargo, la desafección política no es algo nuevo, siempre ha sido una actitud representada en forma de expresiones verbales en nosotros, como ciudadanos. No es una novedad que los jóvenes no crean en la eficacia del político y de la política, ni las ideas de inconformidad e incompetencia de parte de los actores, procesos y estructuras.

“No, porque no hace nada. Qué interés se puede tener de nada. Y si disque lo hace, no se hace bien. Todo es una fachada, solo el gobierno piensa que todo está bien o ha mejorado. La inseguridad sigue igual o peor. Ya no hay nada que rescatar de la situación en la que se vive”.  El discurso de nosotros como jóvenes, actualmente, solo muestra desencanto y desesperanza, esto sólo podría traducirse en ganancias si nos llevara a buscar opciones que nos permita involucrarnos más en tal “retorcido” sistema, al cual nosotros mismo hemos entregado el poder a quienes llamamos “incompetentes”.

Pero, ¿cómo logra un joven incursionar entre tanta oligarquización de la clase política y la burocratización de su gestión? Cuestiones que tienen como efecto el clima de desencanto y resignación, que se constata en el progresivo ascenso de la abstención en las consultas electorales. Una vez más nuestro papel en este sistema político siguen siendo pasivo, y a veces solo sabemos adjudicar o comentar sobre las hazañas o intentos fallidos de otros por incursionar en tan difícil sistema. Al parecer después de las quejas y el descontento, solo hay más de lo mismo.

Pero, ¿A quién realmente debemos culpar como sociedad? ¿A las instituciones de representación política o a los jóvenes por no dejar que el desencanto les permita buscar un rol activo dentro del sistema? O, quizás, ese mismo sea el problema de nuestra sociedad, siempre querer culpar a alguien más.

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