Opinión

24 Jul 2014
Opinión | Por: Herbert Escoto

Por las calles de San Salvador

En ese momento lo invadió una preocupación, miró su reloj y vio que ya se hacía tarde y que debía levantarse temprano al día siguiente.

Su pasión siempre fue visitar lugares históricos. A media tarde los rayos de sol ya quemaban su rostro, brazos y cuello. Había iniciado una caminata turística para conocer el centro histórico en el corazón del gran San Salvador. Para Chepe era normal caminar por la ciudad con la seguridad de que nada le iba a pasar.

Sobre la Plaza Gerardo Barrios ya se paseaban pequeños comerciantes, turistas, y los cientos de palomas acostumbradas al movimiento de la gente. Unos cuantos policías vacilaban alrededor de la estatua creada por Francisco Durini, dedicada al prócer Gerardo Barrios. Ellos admiraban el granito desgastado de la pieza y de vez en cuando dirigían sus miradas a lo largo de la plaza para asegurarse de que había orden.

Chepe se paró frente al Palacio Nacional admirando cada detalle de este monumento dedicado al arte y la cultura. Tomó unas dos o tres fotos con su celular para tenerlas como recuerdo. Además, tomó otra foto a una vendedora que aprovechaba el espacio público para realizar ventas de yuquitas, chicharrones y platanitos. La tentación, por supuesto, obligó a  Chepe a comprar una bolsita de estas delicias.

-¿Cómo lo va a querer, hijo?- preguntó la señora.

-¡Con todo!- respondió Chepe, haciéndole saber que quería sus yuquitas con chile, limón y sal.

No desaprovechó la oportunidad de tomar una foto de sus yuquitas para compartirla con sus amigos en redes sociales, por eso Chepe sacó nuevamente su celular para poder capturar la imagen de lo que minutos después se convertiría en su merienda. Todo esto lo hacía con la mayor naturalidad y tranquilidad sobre la Plaza Gerardo Barrios.

Un tiempo después, tras haber visitado la Catedral Metropolitana, la Casa de las Academias, la Plaza Libertad, Plaza Francisco Morazán, y haber atravesado muchas cuadras de la Calle Rubén Darío, la noche cayó sobre el Centro Histórico y sus alrededores. Nada parecía desanimar a Chepe de seguir con su paseo a pesar de tener un fuerte dolor en los pies por haber caminado horas y horas. La horchata que compró en un local pequeño lo ayudó a refrescarse y continuar.

En su recorrido Chepe únicamente recordaba las historias que sus abuelos le contaban sobre lo peligrosas que eran las calles del centro de San Salvador. La tranquilidad que disfrutaba y la seguridad que sentía le hacían creer que aquello que sucedió hace tres décadas era una exageración. ¿Cómo un lugar tan bonito podía ser tan desierto en una noche de julio? Chepe no podía ni imaginárselo. Él podía dar fe de que algunas de las ciudades más importantes del mundo, que había visitado en otras ocasiones, se apreciaban mejor de noche.  

Cerca del Almacén La Chinita, cruzando la esquina en dirección a la Plaza Hula Hula, Chepe se paseaba sobre la acera cuando vio que se aproximaban cuatro jóvenes. No podía  distinguir el rostro de dos de ellos ya que usaban gorra. En ese momento lo invadió una preocupación, miró su reloj y vio que ya se hacía tarde y que debía levantarse temprano al día siguiente. Al ver las calles solas no dudo en preguntarles a los cuatro jóvenes dónde se encontraba la parada más cercana para poder tomar el último bus y no tener que pedir un taxi.

-Disculpen, ¿dónde puedo tomar el bus que lleva a la Colonia Escalón?- preguntó Chepe.

-Como a cinco cuadras, andate recto, ahí está la Parada Salandra- respondió rápidamente uno de los que usaba gorra. 

Fue cuando entonces los cuatro jóvenes siguieron caminando en dirección contraria a la de Chepe, quien de forma apresurada se dirigía a la parada para tomar el bus. Cinco cuadras después, tal como se lo había indicado el joven, Chepe ya se encontraba en la parada Salandra donde esperaban unas cuatro personas el próximo bus. Finalmente, durante la espera, Chepe saco su celular del bolsillo y empezó a revisar su Twitter ya que en toda la tarde no pudo hacerlo. Todo esto lo hacía con la mayor naturalidad y tranquilidad sobre las calles de San salvador.  

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