Opinión

1 Jul 2014
Opinión | Por: Carlos Segura

Persecución religiosa en Sudán

Meriam Ibrahim Ishag es una joven de 27 años, de nacionalidad sudanesa, que se casó con Daniel Wani, un ciudadano americano. Un matrimonio internacional, hasta ahí nada fuera de lo común. Pero en Sudán sí había algo fuera de lo común con este matrimonio: bajo la Ley Islámica (Sharia), en vigor en Sudán desde 1983, se considera que casarse con alguien que no sea musulmán es un acto de “adulterio”. Además, se prohíbe toda conversión del Islam a otra religión. Toda conversión, renuncia a la fe musulmana o “apostasía” (el hecho de renunciar públicamente a su religión), es castigada bajo la Sharia con la pena de muerte.

Meriam fue acusada de “adulterio” por haberse casado con un cristiano y condenada a 100 latigazos. El pasado 15 de mayo fue condenada por el señor Abbas Mohammed, juez de un tribunal de Karthoum, a la pena de muerte por apostasía. Increíble pero cierto. En pleno Siglo 21 estas cosas siguen pasando. Meriam fue encarcelada estando embarazada de ocho meses y su segundo hijo nació en prisión. Insisto: increíble pero cierto. Lo que los fundamentalistas no tomaron en cuenta a la hora de condenarla es que Meriam nunca fue musulmana. Su padre era musulmán pero la abandonó y estuvo ausente durante toda su infancia, y fue su madre, cristiana, quien la crió sola. El día que fue condenada, Meriam afirmó: “soy cristiana y nunca cometí un acto de apostasía”.

Afortunadamente para la joven y para la libertad religiosa, una corte de apelaciones cambió la condena y ordenó la libertad para Meriam el pasado 23 de junio. Esto sucedió después que la comunidad internacional y varias ONG se movilizaran a favor de la joven cristiana. Países como Francia, Estados Unidos y el Reino Unido, junto con varias ONG como Amnesty International, condenaron dicho comportamiento de las autoridades judiciales del Sudán.

A pesar de la liberación de Meriam, un día después intentó abandonar su país en compañía de su esposo e hijos y las autoridades migratorias la detuvieron y no la dejaron salir. Todo se hizo a escondidas y el ministro de la Información de Sudán, el señor Ahmed Bilal Osmane, declaró que no conocía los detalles de la detención y se abstuvo de realizar declaraciones a los medios.

Como el esposo de Meriam es estadounidense, Estados Unidos ha tomado un rol importante en este caso. La diplomacia estadounidense indicó que había tenido contactos con las autoridades sudanesas y que la familia de la joven estaba en situación segura; que habían sido “retenidos” por cuestiones relativas a su viaje pero que no habían sido arrestados.

Soy cristiano practicante, tengo casi la misma edad que Meriam y soy un fiel defensor de la tolerancia religiosa y de la separación total de la religión y de la ley civil. La laicidad es un pilar elemental de nuestras democracias. En este caso me pongo del lado de una cristiana, pero si hubiera sido una musulmana o una judía la perseguida, igual hubiera estado de su lado.

¿Hasta cuándo los intolerantes van a cometer atrocidades? ¿Hasta cuándo religión se va a mezclar con ley civil? La humanidad tiene que entender que la religión es una opción, no una obligación. En pleno Siglo 21 ya no podemos seguir aceptando estas injusticias. Invito a toda la comunidad internacional, ONGs, jóvenes comprometidos con la libertad y la democracia, a unirnos para luchar contra la intolerancia y el fundamentalismo religioso.

Que Dios bendiga a Meriam Ibrahim Ishag. 

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