Opinión

29 May 2018
Opinión | Por: Caleb Padilla

Permisos para destruir

Nuestra naturaleza ha existido en este planeta por millones de años, ha visto pasar diferentes épocas, fenómenos y desastres, los cuales la han afectado unas más que otras; pero ha logrado sobrevivir y restaurarse. Sin embargo, en los últimos miles de años, ha existido una especie que inició conviviendo con ella, la cual al principio la adoraba y protegía; aunque, con el pasar de los años la irrespeta y destruye. Lastimosamente, en los últimos 100 años se ha afectado más de lo que por millones de años nunca había sido maltratada.

Luego de la revolución industrial, el planeta ha sido afectado de una manera que no hemos logrado frenar; esto por la avaricia de utilizar los recursos naturales como medios para el mal llamado “desarrollo”, que simplemente llevó a pensar que teníamos los suficientes recursos para vivir miles de años. Pero, sumándole la sobrepoblación, nos damos cuenta que estamos llegando a casi desaparecer todo rastro de la naturaleza. Por esto, a nivel mundial se ha llevado a iniciar un movimiento de protección y planificación para que el desarrollo se vuelva sostenible en el tiempo, y no debamos llegar a terminar con todo lo natural que aún tenemos; sino, al contrario restaurar y volver más verde aquellos lugares que parecían desiertos grises.

En nuestro país, por más pequeño que sea, podemos ver más fuerte este fenómeno ya que nuestra población sigue multiplicándose de manera acelerada y la extensión de nuestro territorio es muy reducida; por lo que un incremento en el número de personas por metro cuadrado significa que en poco tiempo nuestros recursos desaparecerán y no tendremos más que emigrar a otros territorios. En este punto es cuando debemos de volvernos conscientes que necesitamos proteger los recursos que nos quedan y es urgente que los paradigmas del desarrollo nacional se puedan ir encausando en volverse sostenibles. La población se ha ido dando cuenta de esto porque el agua cada vez es más escasa, las temperaturas suben y los bosques disminuyen; por lo tanto, se espera que las leyes e instituciones sean tajantes a la hora de salvar lo poco que nos queda.

Es en este punto que encontramos una gran incongruencia, ya que en nuestros países se siguen sacrificando los recursos naturales como mercancías al mejor postor y nuestras leyes siguen sin poder defender los recursos. En la actualidad podemos observar a nivel nacional proyectos urbanísticos, comerciales y lotificaciones que deforestan, y contaminan cuerpos de agua; pero, el problema no es que lo hagan de manera ilegal, sino que lo hacen de manera legal. Están recibiendo permisos para destruir la flora y fauna que había permanecido armoniosa y los ecosistemas nacionales siguen desapareciendo frente a nuestros ojos. El proceso es que por cada recurso natural destruido hay que compensarlo, pero en nuestro país esa compensación puede ser monetaria o simplemente debe ser igual, o un poco mayor a lo destruido. Nadie está regulando eso, nadie está garantizándolo y las consecuencias son tan visibles, y palpables para todos los que habitamos El Salvador. No podemos seguir permitiendo la destrucción, ni que desaparezcan el futuro de las siguientes generaciones.

Esto es un llamado para todas aquellas instituciones establecidas para velar por el bienestar de la población, que sean firmes en proteger nuestros derechos como el agua, un ambiente adecuado para vivir, la salud, entre muchos otros que son violentados con cada acción que se permite, esas que va en contra de nuestra naturaleza. No sean cómplices de la destrucción.

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