Opinión

10 Oct 2013
Opinión | Por: Jaime Ayala

Para copiar hay que saber copiar

Hace unas semanas, tuve el agrado de estar presenten en un conversatorio con uno de los políticos de nuestro país, que casualmente figura en una de las fórmulas presidenciales que ya están dando de qué hablar en el panorama nacional. Algunas generalidades no cambiaron. Lastimosamente, había poca presencia juvenil, las primeras dos filas eran ocupadas por algunos miembros del partido y siempre sucedió el usual retraso de aproximadamente cuarenta minutos. El tema a discutir era algo cercano al progreso educativo de nuestro país y propuestas en torno a esto.

El discurso estuvo muy interesante, con ejemplos lo más sensatos posibles y propuestas basadas en muchas discusiones de periodistas internacionales y uno que otro académico. Aunque no todas eran atinadas, podía decirse que el político había hecho su tarea. La excusa para lograr estas propuestas siempre fue el ya casi cliché del crecimiento económico.  A pesar de que en las últimas décadas El Salvador nunca ha crecido a enormes tasas -y que se diga que el país es el responsable y no factores externos-, pareciera que de la nada la economía empezará a crecer.

Ya dejando de lado a este político en particular, la cuestión de cómo se realizarán las propuestas que cada candidato nos plantea se convierte en información vital para evaluar las temáticas presidenciales. Es muy cierto que no solo se necesita mayor atención a la educación -mayor porcentaje del PIB por ejemplo-, sino también una mejor efectividad y asignación del gasto. Sin embargo, una cosa es decirlo y otra enormemente diferente es hacerlo.

Lanzar propuestas escandalosas y dulces sin conocimiento técnico es muy usual en nuestro país. En el tema de educación, algunos candidatos proponen garantizar el bachillerato a toda la población, otros quieren regalar una computadora a todos los estudiantes. En fin, ¿en qué se basan para realizar estas propuestas? ¿Qué retorno obtendremos de esto en el futuro?

Es muy cierto que muchos países han implementado grandes reformas educativas en el pasado. Ahora gozan de las bondades que esto les trajo y muchos de ellos son de las más grandes economías en el mundo, incluso cuando su situación antes de realizar estos cambios era peor que la de  El Salvador. Sí, la educación es uno los más importantes propulsores de desarrollo económico, humano y social a largo plazo, pero también es vital comprender que no todos los países operan de la misma manera.

Si Corea del sur, por ejemplo, divide a sus estudiantes por rendimiento mediante exámenes que deciden el rumbo educativo de cada joven, de ninguna manera eso implica que en nuestro país eso actuará de la misma forma. Los surcoreanos presentan una de las mayores altas de suicidio a nivel mundial, algo que algunos periodistas y académicos han tratado de explicar por medio de la alta exigencia a la que es sometida la población coreana.

Está claro que nuestros modelos a seguir en el tema de educación deben ser los países exitosos, pero me parece que a veces interpretamos mal la enseñanza. Las propuestas exitosas no nacen de sentarse a discutirlas un día entre varias personas y elegir la que mejor parece, lo cual no dista de lo que pareciera que hacen aquí en el país. Los esfuerzos académicos e investigativos deben orientarse a despejar la incertidumbre de la situación educativa en nuestro país. Justamente ese fue el primer paso que todos los casos de países exitosos emprendieron.

Para no dejar sin finalizar mi historia, al final del conversatorio realicé esta misma pregunta al político. En términos prácticos le cuestionaba con base en qué había formulado sus propuestas y cómo pensaba no solo financiarlas, sino hacerlas factibles. Me quedé esperando la respuesta, pues tras el mismo discurso de cómo El Salvador debe copiar a otros países, no supo brindarme ni siquiera una cifra, dato o base teórica sobre la cual fundamentaba sus afirmaciones. Prefirió mencionarme que eso era lo que mejor le convenía al país.

Quién era el político no es importante, pues los factores electorales no deberían entrar en este primer análisis. Lo que sí es relevante es que todos parecen ser así. Ninguno cambia. 

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