Opinión

29 Ene 2016
Opinión | Por: Rafael Granados

Ordenemos la casa

En El Salvador necesita que se limpien y se ordenen todas las instituciones públicas, solo así podremos sentar las bases para la construcción de un mejor país.

La firma de los Acuerdos de Paz, realizada el 16 de enero de 1992 en México, puso fin a más de diez años de guerra civil en nuestro país; la cual cobro la vida de miles de hermanos salvadoreños. A través del diálogo, el gobierno de El Salvador, presidido en ese tiempo por el presidente Alfredo Cristiano, pudo ponerse de acuerdo con la guerrilla del FMLN y así terminar con la guerra.

Con la firma de esos acuerdos, se logró silenciar las bombas y poner un cese al fuego. Sin embargo, pareciera que aún estamos en guerra, ya que a diario son muchas las personas que pierden la vida ante la ola de delincuencia e inseguridad que vive nuestro país. No podemos culpar solo al Ejecutivo, sabiendo que el Estado lo conforman también el poder Legislativo y Judicial.

Todos los salvadoreños merecemos vivir en un país seguro donde se nos respete nuestra integridad física y psicológica, pero parece que estamos lejos de conseguirlo. Los planes de seguridad implementados por el actual gobierno poco o nada han ayudado ante tal situación, y los crímenes, robos, y extorsiones son los problemas más grandes que los salvadoreños enfrentamos día a día.

No quiero sonar pesimista, pero lamentablemente los problemas antes mencionados no se solucionarán mientras nadie tome la decisión de ordenar la casa, es decir, ordenar las instituciones públicas. Entiéndase ordenar como un proceso de depuración serio y responsable, en el cual se pueda separar lo bueno de lo malo. Los buenos empleados de los malos empleados.

Digo esto porque es triste encontrar agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) que en lugar de cumplir con sus funciones andan enredándose en cosas ilícitas, dejando de esta manera a un lado su compromiso con la población. Pero no solo son ellos, también hay muchos fiscales que debajo de la mesa estrechan sus manos con el crimen organizado, premiando siempre al delito.

El crimen organizado y las pandillas, cual pulpo ha extendido sus tentáculos a todas las instituciones públicas, incluso ha logrado introducirse en muchas de las alcaldías del país. En la Biblia encontramos un versículo que dice: “Que no puede existir comunión entre la luz y las tinieblas”. Y otro versículo dice: “No se puede servir a dos señores”.

El problema delincuencial y de violencia que se vive en El Salvador no se podrá terminar mientras nadie tome la iniciativa de limpiar y ordenar la casa. Es necesario que se realice una especie de inspección en todas las oficinas e instituciones de gobierno y que se retire del cargo al mal funcionario. Recordemos que una manzana podrida, podrirá al resto.

Esperamos que con los últimos cambios que el presidente de la República ha realizado en la cartera de seguridad, se comiencen a dar resultados positivos y no se caiga en el mismo circulo vicioso. Además, con la llegada del nuevo fiscal general, Douglas Meléndez, se espera que se combata el crimen de manera más responsable y se termine con la cultura de impunidad.

El problema no son solo las pandillas, sino que quienes deberían combatirlas muchas veces están asociados con ellos, incumpliendo de esa manera el objetivo de su trabajo. En El Salvador necesita que se limpien y se ordenen todas las instituciones públicas, solo así podremos sentar las bases para la construcción de un mejor país.

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