Opinión

10 Oct 2016
Opinión | Por: Gerardo Schönenberg Ávila

Obras de Misericordia

Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales, según el Vaticano y el Opus Dei. Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras espirituales de misericordia, como también lo son perdonar y sufrir con paciencia. Las obras de misericordia corporales consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos.

Las Obras de Misericordia son SERVICIO al prójimo, es FE EN ACCIÓN. Claramente el servicio es una arma fundamental para la vida cristiana, por ello debemos de cuidar con atención, caridad y constancia a los más necesitados de esta tierra, pues en ningún otro aspecto es tan claramente medida la fe por Cristo como en la forma en que la que se trata a estos más pequeños: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.¨ (Mt. 25, 40)

1) Enseñar al que no sabe: Siendo accesible a todo aquel que tenga una duda, ya sea espiritual, con una duda en la que nuestros “conocimientos” cristianos puedan ser de una buena ayuda, o de cómo se debe hacer un trabajo en la oficina, o, incluso, en el colegio o universidad, ayudando a quien se le dificulta una asignatura o una tarea, por ejemplo.

2) Dar buen consejo al que lo necesita: Nosotros debemos estar dispuestos con el corazón abierto a este servicio que muchos necesitan, que es el consejo; podemos ayudar a una persona que tenga un problema pequeño, hasta alguien que posea un problema inmenso, dando como ejemplo nuestro testimonio y aconsejando de manera cristo-céntrica, es decir, con todo el pensamiento y la acción centrados en lo que Cristo haría.

obras de misericordia jubileo

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3) Corregir al que se equivoca: ¨Corregir con amor y no callar por miedo¨; buscar tratar de mejor manera, sin odio ni rencor, a otra persona y buscar solución en el amor. Debemos corregir a nuestro prójimo con mansedumbre y humildad; muchas veces será difícil hacerlo pero, en esos momentos, podemos acordarnos de los que dice el apóstol Santiago al final de su carta: “… el que endereza a un pecador de su mal camino, salvará su alma de la muerte y consigue el perdón de muchos pecados” (St. 5, 20).

4) Perdonar al que nos ofende: Siempre hay que perdonar, no importa la gravedad de la problemática, ni lo que sucedió, para amar al prójimo es primordial el perdonar, esto incluso nos ayudará a tener una paz interior.

5) Consolar al triste: Citando nuevamente al Papa Francisco ¨Sonreír, el cristiano siempre está alegre¨¨Ayuda a los demás a superar los obstáculos”; hay que darle felicidad a quien lo necesite, dar consuelo en el llanto y buscar sentir con él, ayudar a superar toda dificultad, siendo nosotros apoyo incondicional.

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6) Sufrir con paciencia los defectos del prójimo: No caer en la desesperación, ser pacientes y respirar profundo, estar siempre alegres y ser humildes en nuestras acciones; la paciencia debe ser un eje de nuestra vida y la paz que demos, sólo dará paz al final.

7) Rezar a Dios por los vivos y por los difuntos: Nosotros debemos estar constantemente rezando y, no solo por nosotros mismos, sino por las personas que ni siquiera conocemos y que sin razón alguna creas que necesitan de tu ayuda por medio de la oración, siendo una de las armas más valiosas de un cristiano; de la misma forma, orar por los difuntos, por las almas del purgatorio, que necesitan de nuestra oración para llegar a Dios porque: “Él quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. (1° Tim. 2, 2-3).

Quiero terminar este articulo con una frase de Madre Teresa de Calcuta que me encanta mucho: Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él.

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