Opinión

1 Ago 2013
Opinión | Por: Carlos Segura

Nuevas perspectivas en Irán

El pasado 15 de junio se llevaron a cabo las elecciones presidenciales en la República Islámica de Irán, de la cual salió victorioso Hassan Rohani, un moderado favorable a mejorar las relaciones con los países occidentales, incluyendo con los Estados Unidos de América. Por supuesto, Rohani es musulmán y participó en la Revolución Iraní de 1979, pero su discurso es mucho más moderado que el de las autoridades iraníes  actuales.

Hassan Rohani tiene 64 años y es un hijo de la Revolución Iraní.  Realizó estudios religiosos en un seminario islámico y participó en los años 60 en la lucha en contra del Shah. Por esa razón fue detenido y encarcelado en varias ocasiones. En 1977 partió al exilio en Francia, siendo de los primeros iraníes en apoyar abiertamente al que se convertiría unos anos después en el fundador de la República Islámica: el Ayatollah Ruhollah Khomeini, primer Líder Supremo de Irán después de la Revolución de 1979.

A su regreso a Irán, después de la Revolución, Rohani participó activamente en la política de su país, ocupando distintos puestos como directivo de la Asamblea Islámica Consultativa, y Secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, entre 1989 y 2005. Algo que hay que destacar sobre este nuevo Jefe de Gobierno, es que fue el principal negociador en materia nuclear, frente a los países occidentales, sobre todo Francia, Alemania y el Reino Unido. En el año 2005, anunciaron que Irán detenía su enriquecimiento en uranio: Una forma de ceder ante los países occidentales que siempre se han opuesto a dicho programa nuclear. Sin embargo, la polémica en torno a este programa nuclear sigue actualmente ya que Irán todavía es acusado de enriquecerse en uranio con fines militares. Pero esa es otra historia.

Con la victoria de Rohani, se abren nuevas perspectivas en Irán, tanto en internamente como en materia de política exterior. Su campana electoral fue basada en 3 principales pilares: Establecer una “Carta de Derechos Civiles”, recuperar la economía iraní, y mejorar las relaciones con los países occidentales. Su éxito en las elecciones traduce la voluntad de cambio del pueblo de Irán, que le dio más del 50% de los votos para marcar una nueva era para su país. El hecho de elegir a un líder moderado en su discurso y en sus acciones (hasta podemos calificarlo de “centrista”), pero fiel a los principios islámicos de la República, marca un giro en la política iraní: la mayoría de ciudadanos de ese país han expresado su voluntad de tener un Gobierno diferente y que no entre tanto en conflicto con el Occidente.

Con su oposición a la reelección de Mahmoud Ahmadinejad en 2009, por acusaciones de fraude, Rohani se puso del lado de la democracia, lo que le valió el reconocimiento y el apoyo de varios sectores de la sociedad civil. Su visión es la de no entrar con conflicto con los Estados Unidos, y ha demostrado que está dispuesto a ceder en materia de programa nuclear, la principal discordia entre los dos países. Irán necesita despojarse de todas las sanciones internacionales que pesan sobre ellos debido a su controversial enriquecimiento en uranio. Dichas sanciones no son buenas para la economía, para la gente, para el pueblo, para el ciudadano iraní. Si Rohani desea cumplir con su promesa de restaurar la economía de su país, debe hacer todo lo posible por que se levanten esas sanciones. Tarea difícil, ya que a pesar de su voluntad y pensamiento moderado, deberá trabajar bajo la supervisión directa del actual Líder  Supremo de la Revolución, Ayatollah Ali Khameneï, quien sigue siendo la principal figura del sistema y es mucho menos moderado que Rohani. 

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