Opinión

17 Abr 2018
Opinión | Por: Caleb Padilla

Nuestra cultura se perdió

Cada año observamos cómo somos visitados por turistas. Ellos deciden visitar lugares emblemáticos de nuestro país, probar nuestra gastronomía y admirar las ruinas de ciudades antiguas que fueron importantes para la civilización Maya, que fue muy avanzada comparada con otras de su época en la era prehispánica, pero que desgraciadamente llegó a un punto de olvido en la actualidad. Podemos observar documentales, libros y hasta series que hablan de ellos, pero en nuestro país parece que no queremos saber mucho de esto; hemos olvidado su lenguaje, sus costumbres y su forma de vivir con la naturaleza. Basta con ver la historia reciente en la cual se han cometido crímenes de lesa humanidad contra los indígenas de nuestro país, por ejemplo, el genocidio en 1932, donde por orden del general Maximiliano Hernández Martínez, se asesinaron a más de 30 mil indígenas con la idea de erradicar nuestras propias raíces.

 

Una prueba de ello es preguntar a cualquier salvadoreño acerca de nuestra historia, ¿quiénes son los Cacaopera, los Pipiles y los Lencas? Probablemente, no sepan acerca de ellos. O simplemente, preguntar ¿cuál es el significado de la palabra “Pupusa”? La comida salvadoreña más reconocida a nivel mundial. Lastimosamente, la mayoría no sabe más que palabras de uso común y muchas veces desconocen el origen de esas palabras, que suelen usar de manera cotidiana y que vienen de la lengua Náhuatl.

 

Vivimos en un mundo que, poco a poco, nos mezcla con otras culturas porque no tenemos una identidad propia y tratamos de encajar en un mundo globalizado, donde nos tratan de vender la imagen que lo mejor es olvidar nuestra historia y el desaparecer de nuestro lenguaje; así como, todo indicio de nuestro origen. Muchos sienten vergüenza porque alguien de su familia pertenece a una de las etnias sobrevivientes, o porque su apariencia no es igual a la de un extranjero. La publicidad y la moda nos hacen pensar que deberíamos adoptar una imagen radicalmente contraria a la del ADN que recorre nuestro cuerpo, el cual nos indica nuestro origen indígena.

 

Vemos como se están destruyendo lugares arqueológicos en diferentes partes del país y no se están frenando esas devastaciones culturales. Seguimos invisibilizando la necesidad que como país tenemos de recuperar nuestra identidad, la cual es clave para conocer la verdad detrás de nuestra historia y lo que nos permitirá construir un rumbo integral, e inclusivo con todos los sectores de la población.

 

Las generaciones actuales somos responsables de garantizar la continuidad y la recuperación de nuestras raíces, el reconocimiento a los diferentes pueblos indígenas, el recuperar el Náhuatl y conocer la historia de nuestros antepasados. Reivindicar la importancia de nuestros orígenes y darle el lugar que merece en nuestro diario vivir, transmitirlo a las nuevas generaciones, investigando y conservando los lugares históricos.

 

Invito a todos los que nos sentimos orgullosos de ser salvadoreños, de nuestros orígenes, de nuestra gente y de nuestra historia, para que generemos espacios y demos a conocer todo aquello que se ha pretendido olvidar y enterrar, pero que nuestra sangre busca descubrir y dar a conocer. Nuestra identidad, como pueblo, es lo más importante para tomar las decisiones de país que necesitamos y no simplemente alzar una mano por quedar bien con alguien contrario a las necesidades que como país tenemos. No podemos permitir que nuestra esencia desaparezca y con ella la razón que habitemos este pequeño espacio de tierra, el increíble pulgarcito llamado El Salvador.

 

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