Opinión

21 Abr 2015
Opinión | Por: Jaime Ayala

Novela universitaria

El final de la novela aún no se percibe en el horizonte. Los personajes que ahora se hacen llamar  “La Nueva Izquierda” son quienes más violan los principios de la base tradicional de la izquierda que los vio nacer.

Pocos placeres en la vida pueden superar el gozo de terminar de leer una buena novela. Cerrar la última página implica dar muerte a los personajes, dejar de soñar y volver a la vida real, al menos por un momento. ¿Qué lector apasionado no se ha encerrado un fin de semana completo en un libro, acelerando cada vez más por descubrir el tan ansiado final? Luego vienen las secuelas, y algo cambia. No solo los protagonistas evolucionan, sino también el lector.

Las novelas se escriben cada día en la mente de los escritores. A veces únicamente se necesita una experiencia, un problema o una simple fotografía para diseñar los cimientos de un proyecto literario. En otras ocasiones se requieren años para concebir una historia completa. Existe una -muy conocida por cierto- que se escribe desde hace más de 30 años. Muchos de los personajes iniciales aún continúan con vida, luego de haber cambiado el rifle por la pluma, o simplemente tras alejarse de la sociedad que conocemos.

Todo comienza con un grupo de estudiantes, juristas  en su mayoría, que se vieron obligados –y que quizá también se obligaron a sí mismos- a dejar de memorizar leyes y comenzar a escribirlas. Se organizaron, empuñaron sus armas y salieron a las calles. Tenían en claro muchas cuestiones, pero reconocían que la instauración de una verdadera democracia en su país era necesaria, así eso implicara alejarlos de sus hogares para no volver nunca más.

Tras 12 largos años de guerra, aquellos estudiantes no existían más. Se vieron obligados a convertirse en militares, estrategas y sobrevivientes. Pero tras todo ese tiempo, la misma novela llegó a su fin. Llegado el momento de la negociación de la paz, tenían en claro que su historia necesitaba de una secuela, que les exigía convertirse en aquellos a quien tanto atacaron: políticos. Decidieron, por tanto, tomar una fotografía de la primera entrega de su novela.

Los cimientos de la Comandancia General del FMLN se dejaron retratar, quizás en una de las pocas ocasiones que pudieron estar todos juntos, discutiendo como los estudiantes que alguna vez fueron. Salvador Samayoa, Joaquín Villalobos, Dagoberto Gutiérrez, Salvador Sánchez Cerén, Guadalupe Martínez, Francisco Jovel, Salvador Arias,  Schafik Hándal, Eduardo Sancho y Nidia Díaz, todos posaban afuera de la sede de la ONU para conformar una de las imágenes más históricas de su país, El Salvador.

Poco a poco, la escritura de la secuela provocó que muchos integrantes de esa fotografía tomaran rumbos diferentes. Algunos salieron del país, otros se dedicaron al pensamiento filosófico, otros integraron el congreso legislativo e incluso uno llegó a ser presidente de su nación. La segunda entrega de esta novela fue perfectamente resumida por Eduardo Sancho, en el aula de una clase de Ciencias Políticas: “El FMLN siempre fue un proyecto político. Conseguir el poder y la administración gubernamental eran un objetivo”.

Sucede, sin embargo, que las secuelas de muchas novelas suelen opacar el éxito de sus inicios, o simplemente constituyen entregas que buscan sobrevivir  de estrategias comerciales basadas en sus primeras entregas. Al final de la historia, aquellos jóvenes universitarios, ahora dirigentes del FMLN, consiguieron su objetivo principal. Consiguieron el poder, modificando e incluyéndose en el sistema democrático de un país que continúa sanando las heridas de la guerra.

El final de la novela aún no se percibe en el horizonte. Los personajes que ahora se hacen llamar  “La Nueva Izquierda” son quienes más violan los principios de la base tradicional de la izquierda que los vio nacer. Abandonaron las armas, pero en el proceso se convirtieron en los mismos a quienes tanto han criticado. Habría que tomar de nuevo esa vieja foto para descubrir quiénes serían los actuales integrantes de esa famosa imagen. Tomen esa fotografía de nuevo y El Salvador tendrá una novela viviente.

9 Nov 2018
La peor mentira política y económica
Opinión | Por: Gerardo Schönenberg Ávila

La peor mentira política y económica

1 Nov 2018
Migrantes, lamento de un pueblo que sufre
Opinión | Por: Erick Hernández

Migrantes, lamento de un pueblo que sufre

26 Oct 2018
Carta a los candidatos presidenciales
Opinión | Por: Gerardo Schönenberg Ávila

Carta a los candidatos presidenciales

19 Oct 2018
“El Nayib”, un bote salvavida
Opinión | Por: Juan Carlos Méndez

“El Nayib”, un bote salvavida