Opinión

17 Ene 2013
Opinión | Por: Gumercindo Ventura

Nos prefieren brutos

“Los años pre-electorales son peligrosos”, nos advierten a cada rato. Nos dicen (y es lógico) que años así se presten al populismo, a querer quedar bien en la foto, a querer salir más en los medios dando consejos y reflexiones a la población. Lo curioso es que nunca vemos campañas que vayan más allá de eslóganes, canciones y la típica foto con “el pueblo”, como que no les interesa venderse con un proyecto de país a largo plazo.

 

Para el político la carrera no llega más allá de las próximas elecciones, piensa dentro de los próximos 5 o 3 años, después de eso ahí se preocupará por las elecciones que siguen. Algunos se van en el caballito de la imagen pública, las conferencias de prensa, entrevistas. Es el camino más vistoso. El caballito que difícilmente se ve es el de las finanzas sanas, la baja corrupción en contrataciones y licitaciones, la ejecución efectiva y transparente de los presupuestos, entre otras.

 

Lastimosamente así funcionan las cosas. Un caballito corre por el camino electoral más rápido que el otro, y en esa dinámica seguimos estancándonos en las mismas prácticas de siempre. Se sigue el mismo circulo vicioso, el cual muchos creemos que será roto por un eventual cambio generacional. ¿Cómo hacer para que los políticos se interesen más por correr en el segundo caballito y no en el primero? Educación.

De cierta forma la política funciona como un mercado de oferta y demanda. Es cierto que nuestro poder de escoger es bastante reducido cuando en una hoja nos preguntan “¿Prefiere el títere a su derecha o el títere a su izquierda?”.  Los partidos escogen antes que nosotros y no hay una verdadera democracia interna, prima el dedazo. El problema es que si un partido pone a alguien de trabajo eficiente contra el otro partido le pone uno de trabajo popular. Dicen que la gente prefiere pan y circo.

 

Si n educación de calidad los electores (la demanda electoral) difícilmente va a cambiar sus exigencias con los candidatos (la oferta electoral).  Recordemos que menor educación por lo general se traduce en menores ingresos, y la población con menos ingreso anda más preocupada por poner comida en su mesa que por exigencias políticas. Al final a quien le conviene esto es al político mediocre, no está en sus mejores intereses educar a una población para que sea más exigente para así poder seguir sirviéndose de los fondos públicos con un trabajo, no quiere que se le exija más.

 

¿Cómo dar un golpe al círculo vicioso? De los políticos no va a venir este cambio. A mi manera de verlo pienso que las organizaciones civiles, conscientes de esto, podemos hacer mucho por esto, educando e informando. Programas como ¡Supérate!, que es una iniciativa de la empresa privada, dota a jóvenes talentos de educación de calidad con todo el equipo e infraestructura adecuados para su desarrollo académico. No tengo duda que estos jóvenes transformarán sus vidas, su entorno y el país para bien. A medida la población vaya educándose e informándose pienso que se irá exigiendo un mejor desempeño a los políticos.

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