Opinión

6 Feb 2013
Opinión | Por: Gumercindo Ventura

(No) Visite El Salvador

El pasado 22 de Enero la embajadora de los Estados Unidos, Mari Carmen Aponte, emitió un comunicado donde advertía a los ciudadanos estadounidenses a no viajar a El Salvador por la situación del crimen. Desde 2010, 22 ciudadanos estadounidenses han sido asesinados y 230 pasaportes han sido robados. Las reacciones no se hicieron esperar y había gente que aprobaba de lo que había hecho y otros que casi pedían la cabeza de la misma.

 

Algunos decían que era un escándalo, que no había necesidad de estarle metiendo miedo a los gringos para que no vinieran hasta acá, que afectaba la imagen del país que tanto ha estado luchando el ministerio de turismo por mejorar. Es cierto, es preocupante que se nos etiquete oficialmente como un país al que no se debería de visitar, pero la culpa de eso no la tiene la embajadora Aponte.  Lastimosamente (y esto trasciende gobiernos de izquierdas y derechas) se ha hecho poco o nada para atacar el tema de prevención de violencia, que al final es responsabilidad nuestra como país, no de otros.

 

El ministro de seguridad, David Munguía Payés, reaccionó a las declaraciones de la embajadora, diciendo que quizá ella no tenía información suficiente, ya que de la mayoría de los asesinatos de los ciudadanos estadounidenses habían sido de origen latino, o nacionalizados. Si bien las declaraciones no le han caído en gracia a muchos, no es la embajadora con la que tenemos que estar descontentos, a nadie le gusta que le digan sus verdades.

 

Que los asesinados hayan sido de origen latino o no me parece irrelevante, la embajadora y Estados Unidos, deben velar por la seguridad de todos sus ciudadanos, sin discriminarlos por su raza u origen. ¿Acaso no le reclamaran a ella si más gringos son asesinados en El Salvador sin ella decir ni una palabra de advertencia? Ella está haciendo su trabajo, debe velar por los suyos. ¿Acaso no hacíamos lo mismo nosotros? Hubo campañas mediáticas para no visitar Guatemala por el peligro a ser asaltados en el camino. Hacerlo nosotros mismos con nuestra gente y ver de mal que otros lo hagan con los suyos es hipocresía.

 

El ministro de seguridad dice que los índices de criminalidad se han reducido significativamente. Es cierto que han reducido pero hay mucha tela que cortar en este tema. Soy de los que no creen ciegamente en estos números, y no estoy diciendo que sean inventados o incorrectos ni es por ser pesimista, pero es difícil tenerles credibilidad cuando están sustentados por una “tregua” entre pandillas de la cual se sabe muy poco todavía. A todos nos gustaría pensar lo mejor de esta tregua, pero con tan poca información es difícil saber si es algo transitorio, sostenible, o si no evolucionará en un grupo de poder extorsionando, no solo a los ciudadanos, sino al mismo Estado. ¿Podemos confiar en algo así?

 

Todos quisiéramos que la situación fuera diferente. La realidad es que la violencia es uno de los mayores  problemas, sino el mayor, que aqueja a la población. Cerrar los ojos y negarse a verlo, o llamarlo por otro nombre no va a cambiar la realidad, es tapar el hoyo con una alfombra. Espero, por el bien de todos, que la famosa tregua sea un paso en la dirección correcta, aunque hasta el momento no lo parezca por completo.

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