Opinión

28 Ago 2013
Opinión | Por: Jaime Ayala

No los perdono, pero los entiendo

¿Traidores o presas del sistema? ¿Fraude o racionalidad? Sin duda existen muchas palabras para encasillar el desastre de los amaños revelado la semana pasada en nuestro país. Más allá de intentar llegar al corazón, el sentimiento y la pasión, me parece que lo realizado por los seleccionados nacionales es un vivo ejemplo de un comportamiento que puede ser explicado económicamente.

El viernes pasado, Dagoberto Gutiérrez, luchador de la guerrilla en el conflicto armado y una de las mentes más filosóficas y respetas de nuestro país, expresó en su cuenta de twitter (@GutierrezDago) lo siguiente: “¿Amaños de partidos? Nombre, ese es el mercado. Si alguien se vende, es porque hay alguien que compra. Y no eso es el mercado pues“. Al leerlo, no pude evitar sentir una pequeña lucha de ideas en mi cabeza acompañada de una risa interna. En medio de toda la decepción futbolística, me pareció haber encontrado la chispa correcta para generar un pequeño análisis económico.

Según una entrevista realizada por El Gráfico, los jugadores recibieron cerca de $25,000 cada uno por uno de los partidos investigado por amaños. ¿Cómo se compara eso con el salario que reciben? ¿Será acaso que el fraude cometido puede catalogarse como un puro acto de racionalidad? Cualquier estudiante de Economía podrá darse cuenta que, al menos en términos básicos, la decisión de aceptar un soborno podría explicarse bajo el modelo de “agente –principal”, o incluso de mejor manera dentro del modelo del crimen planteado por Gary Becker.

Ahora bien, para no adentrar mucho en tecnicismos, quisiera enumerar algunos hechos que me parecen pertinentes esclarecer para analizar esta decisión:

 

El salario que paga la FESFUT a un jugador está, muy probablemente, por debajo del monto ofrecido por el amaño (en este caso $25,000). El mismo Lisandro Pohl, presidente de Alianza FC lo resumió en una buena frase: “¡16 mil dólares en efectivo de un solo! En su vida había visto tanto dinero.” (Esto hacía referencia a los premios ofrecidos durante el gobierno de Tony Saca).

La probabilidad percibida por cada jugador de ser descubierto es baja. Solo démonos cuenta que los años pudieron haber pasado y quizá nunca nos hubiéramos dado cuenta de los fraudes.

 

De ser atrapados, procesados y encontrados culpables, deberán enfrentar una pena, la cual podría calificarse como muy grave.

 

Estos tres supuestos funcionan como fundamento para dar un acercamiento a los modelos antes propuestos. Sin embargo, más que dejar estas interrogantes planteadas (y que ojalá alguien pudiese refutar para afinar más el análisis), me parece que ser deshonrado o cometer un fraude sí es racional, mas no correcto moralmente. Ese es el problema cuando lo monetario toma control de nuestras vidas. Nunca se está contento con lo que se tiene.

 

Y quizá más allá de la deshonestidad, me parece necesario rescatar un último punto. ¿Cuál es la verdadera queja de la afición? ¿Podrá ser que acaso no es el fraude en sí? Muchos políticos, empresarios y funcionarios han formado sus carreras o han conseguido puestos debido a actividades fraudulentas o poco honestas (no todos) y, sí, la población lo nota, pero con la Selecta mucho ha sido diferente.

 

Bajo toda la balacera de ideas, malas propuestas, desigualdad, pobreza y corrupción, la Selecta representaba y funcionaba como algo más. Era una anestesia a los problemas, un estimulante natural para la emoción y la esperanza. Sí, siempre perdíamos, y muchas veces por goleadas, pero siempre estábamos ahí luchando y llenando el Cusca. ¿Qué será ahora? Eso lo decidirá cada aficionado. Que “en las buenas y en las malas” no sea una frase más.

 

¿Qué haría cada uno de nosotros por $25,000? ¿Qué no haría? No pretendo defender a los jugadores, pero me parece que es necesario realizar un análisis a la situación de nuestro país para buscar entender el comportamiento de los jugadores. Racionalmente, los entiendo; pero futbolística y moralmente me es difícil perdonarlos por ahora. Con la Selecta no se juega. 

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