Opinión

28 Ene 2014
Opinión | Por: Jaime Ayala

No hay que ser bueno, solo mejor que el otro

Realmente no es de extrañarse por la pésima campaña política que hemos visto en los últimos meses, al igual que los malos candidatos y su ausencia de propuestas. Y muy probablemente esto se deba a una causa más económica que política, pues mucho de este conflicto se presta a especulaciones innecesarias.

Para aterrizar un poco, este próximo domingo confirmaremos la inminencia de una segunda vuelta electoral entre las dos mayores fuerzas políticas en El Salvador después de la guerra. Lo curioso es que ambos partidos plantean propuestas no solo poco viables, sino también populistas e incluso en contra de sus propios principios ideológicos.

Pero, ¿realmente tienen los partidos algún incentivo a realizar buenas propuestas? Según la EHPM 2012, aproximadamente el 13% de la población en edad de votar posee estudios de bachillerato o superiores. Para un político, este dato es vital. Significa que este 13% es el que -probablemente- le exigirá propuestas concretas que ataquen los problemas estructurales que El Salvador ha enfrentando en las últimas décadas.

Este 13% es el que no le interesa a los partidos. Es el otro 87% el que realmente les importa, pues ellos pueden garantizarle ganar la elección. ¿Qué gana más: regalar computadoras tabletas a todos los niños, o presentar un programa de educación viable que vaya mostrando sus resultados de aquí a 15 años? Lo último no vende, no gana votos directos de este 87%.

Todo el esquema electoral se empieza a complicar cuando aparece una de estas propuestas. ¿Cuál es el incentivo de la oposición a contrarrestar la propuesta populista con una premisa más estructural y viable? De hecho, ni siquiera necesitan proponer un buen candidato si el partido opositor tampoco  ofrece mucho. Necesitan alguien que gane el voto duro o que simpatice fuertemente con la clase media.

Para quienes quieren ponerse sombrero de economista, el asunto es más sencillo. La razón por la que posiblemente no vemos buenos candidatos es por el costo de oportunidad que puedan tener aquellos personajes que quisiéramos ver en una contienda electoral. Traduciéndolo a términos electorales, para ganar una elección no hay que ser un buen prospecto político, solamente hay que ser mejor la competencia. Y si esta última es mala, el partido no tiene por qué esforzarse (gastar) para presentar propuestas válidas (con candidatos buenos) a largo plazo que posiblemente confundan al 87%.

Ahora bien, ya definidas estas variables lo que importa es qué se puede cambiar. Difícilmente se logrará modificar la retrógrada manera de pensar de las cúpulas partidarias, y mucho menos este sistema de incentivos. Pero lo que quizás sí pueda modificarse es la relevancia de este 13%.

Estoy seguro de que todos conocemos más de algún caso de personas que no pudieron estudiar total o parcialmente debido a la guerra de 12 años que vivió nuestro país. Esperemos que nunca suceda algo así de nuevo, y que así las nuevas generaciones tengan mayores oportunidades de alcanzar los retos educativos que plantea un mundo cada vez más competitivo. En la medida en que esto y otras reformas sucedan, tendremos un mercado electoral más eficiente.

La elección del domingo pone esto a prueba una vez más, a pesar de que en términos políticos sea diferente. Pues aunque Norman se esfuerce mucho en ser el peor candidato, Sánchez Cerén le ha ganado buena distancia en esta carrera, a pesar de los intentos de Óscar Lemus. Y aunque lo último suene a broma, la tristeza es que el domingo el chiste se contará solo.

No hay duda que cada elección ha sido más democrática que la anterior, y esto es muestra del progreso salvadoreño en esta materia. Esperemos que a partir de este nuevo momento histórico, las personas correctas sean colocadas en los puestos correctos que dirijan esta hermosa nación que es El Salvador.

Cada quien votará según sus propias bases. Algunos votarán por lo que sus padres o abuelos les hayan dicho durante toda su vida, otros lo harán más con el hígado que con la mano, incluyendo este 13%, que quizás mucho dista de ser la clase política exigente que necesita El Salvador. En fin, no dejen de votar el domingo.

 

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