Opinión

15 Mar 2017
Opinión | Por: Karen Vargas

No es suerte, sino educación

Es tan cotidiano escuchar hablar de la suerte como la protagonista de un buen estilo de vida o de un futuro prometedor.

Como en cualquier otro lugar, en El Salvador también se puede creer en la fortuna, la suerte y el destino, más aún con la influencia de la televisión y la fantasía que transmite a los niños. Sin embargo, el estilo de vida de la niñez salvadoreña no se puede dejar a la suerte, se espera que el Estado, las instituciones y la sociedad en general se conviertan en actores imprescindibles en su proceso de educación.

Cualquier medio o institución que trabaja por la niñez en el país podría decir que, desde la aprobación de la Convención sobre los Derechos del Niños hace 25 años y su ratificación por parte de El Salvador en 1990, se han experimentado importantes logros en materia de derechos de la niñez y de la adolescencia; especialmente, en los ámbitos de la educación, la salud, la supervivencia y la protección. Pero, hay muchas historias de vida que demuestran lo contrario, desde niños que al reprobar grado abandonan sus estudios, hasta niños que se les vulnera el derecho a la educación y que afectan su salud, debido al desarrollo de labores peligrosas. Para el 2013, del total de estudiantes matriculados reportados por el MINED, 96 mil 824 trabajaban en alguna actividad mientras estudiaban, lo cual corresponde al 5.8% de la población escolar.

Por otra parte, ¿cómo un niño puede creer en tener suerte cuando al salir de bachillerato el sueño de un día ser abogado o ingeniero se ve truncado ante la falta de oportunidades? En el momento preciso que se propone ante la familia, la cual tiene un poder adquisitivo por debajo de una mensualidad universitaria, la idea de continuar sus estudios superiores, la suerte se desvanece. ¿Con qué tipo de fortuna o destino cuenta también un niño o niña con alguna discapacidad al vivir en un país donde la cobertura que tienen las escuelas de educación especial es muy baja y se concentra en la zona urbana, dejando a la población rural sin muchas opciones de acceso?

Ante esto, la LEPINA establece que, al igual que los niveles de educación inicial, parvularia, básica y media, la educación especial (para personas con discapacidad) es obligatoria y gratuita cuando la brinda el Estado. Sin embargo, uno de los problemas que se enfrentan en el país es que no se sabe con precisión la cantidad de niños y niñas con alguna discapacidad y, por lo tanto, no se pueden establecer tasas de cobertura en este sector poblacional. En este sentido, toda la población en edad escolar que tiene alguna discapacidad debería estar tener acceso a continuar con sus estudios, pero en realidad no sucede así.

Nuestra sociedad necesita más que un golpe de suerte, necesita alianzas para lograr el desarrollo, un cambio a un pensamiento colectivo, necesita inversión, necesita estar educada. Algo sí está muy claro, eso a lo que algunos llaman “suerte o destino” no ha sido accesible, a pesar de ser un derecho para todos. ¿Qué más deben hacer nuestros niños y niñas para tener una sociedad que les garantice educación de calidad?

Referencias Bibliográfica

Comisión Coordinadora del Sector Justicia. (2011). Ley de Protección Integral de la Niñez y la Adolescencia. El Salvador: Talles gráficos UCA.

Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) El Salvador. (2014). Informe de situación de la niñez y adolescencia en El Salvador. San Salvador.

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