Opinión

31 Ene 2018
Opinión | Por: Juan Carlos Méndez

Necesitamos un diálogo sincero

Sabemos que vivimos en un país donde la violencia y la situación económica son cada vez peor, que los avances en gestión pública son pocos, dando por resultado poca credibilidad a los partidos políticos y sus liderazgos. Lo sabemos. Las encuestas lo dicen. Lo que necesitamos es un diálogo sincero entre todos los tomadores de decisiones que reconozcan sus intereses y los sepan poner sobre la mesa, pero también que acepten sus debilidades para que todos juntos podamos apoyarnos. Y es que antes de hacer una política pública, debe haber un diálogo. Un diálogo sincero.

En repetidas ocasiones hemos visto como el gobierno se sienta a puerta cerrada con los partidos políticos o que de repente se aprueba una ley, o un impuesto, sin ser consultado con la población, o los distintos sectores afectados. Esto también se ve a nivel de los gobiernos municipales, donde el alcalde y con suerte todo su concejo, sino es que solo el alcalde, hacen lo que quieren sin ningún tipo de consulta. O lo que es peor, compran la voluntad de los funcionarios para alcanzar algún objetivo individual. Pero, tampoco es que solo se dé a ese nivel. En los partidos políticos, que son los semilleros para una participación real ciudadana, hay reuniones a puerta cerrada, mala comunicación y hasta cierto temor por avance de otros en su liderazgo político; es decir, hay una cadena que se genera desde lo más básico, que son las estructuras organizacionales de un partido, hasta los gabinetes de gobierno.

Hace poco recibí el consejo de un amigo, me dijo que “cuando uno entra a un debate sobre un tema, hay que dejar a un lado los sentimentalismos” y quizás las pasiones por la afinidad partidaria/ideológica. Tal vez tenga un poco de razón, a veces hacemos un intento de diálogo no pensando con el cerebro, sino con el corazón o con nuestras entrañas; y cuando se hace con estas dos últimas opciones, poco o nada podemos ser escuchados y lo que gana o se establece es lo que piensa aquel que tiene más poder.

Políticamente hablando, me preocupan temas específicos como la reforma de pensiones, el crecimiento económico del país y la situación de violencia. Si analizamos los intentos de diálogo sobre estos temas, lo que se me viene a la mente sobre las pensiones es que se solo se ha logrado incrementar el porcentaje de cotización, debido a que financieramente es casi imposible que el dinero que ahorremos se capitalice más rápido. Pues, para que el modelo sea sostenible el empleo formal debe incrementar a modo que haya más gente cotizando. El crecimiento económico ya es un tema que ha pasado a segundo plano, actualmente nos hemos fijado más en otros asuntos que en ver si atraemos inversión para más empleo, o ver la rentabilidad de los programas sociales.

Hay muchas columnas de opinión, analistas e incluso, los mismos políticos que instan a un diálogo sobre los temas que nos aquejan. Sin embargo, es casi una utopía que se establezcan acuerdos y esto es porque el diálogo no ha sido sincero. Como ciudadanos responsables es un deber exigir, y ahora que estamos en elecciones, también saber cuestionar las intenciones de lo que los candidatos prometen.

No nos quedemos de brazos cruzados y exijamos. No nos dejemos ir por una política de regalías en campaña, sino vámonos por el lado del cuestionamiento, del qué y cómo van a lograr lo que prometen.

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