Opinión

26 May 2017
Opinión | Por: Juan Carlos Menjívar

Nadie puede cambiar el mundo

Si eres de los que consideran que todos los que no están a tu favor, están en tu contra o  si sufres paranoia y crees que todos los ojos están en ti; déjame decirte que más allá de un trastorno delirante, nadie conoce a nadie, ni quieren conocernos. Si crees que eres importante en el país, un factor a tener en cuenta en este juego político que consideramos vida en nuestra Patria, deja que sea yo el que te diga que estás equivocado.

Basta ya de la modernidad, del pensamiento obligatoriamente positivo, de las ofensas fáciles y sonrisas aún más fáciles. Ya estoy cansado de lo mismo, que el político emergente en turno te regale una taza o cuaderno autografiado con sus inmaculados dientes, eso no hace que recuerde tu nombre. No que el “photoshop” andante te regale una escoba en período de votaciones, eso no hace que en las noches piense en tu salud y en cómo estará la familia. Basta de creernos importantes.

Esto va más allá de la crítica fácil a la situación política que aparezca en mi ruleta al momento de escribir, esto lo escribo también para los míos, si es que puedo considerarme tan importante para ser uno de ellos. El Salvador está lleno de Neo’s, de héroes e iluminados que creen que en su manos está el destino y futuro de todos. Que mi nombre aparezca en un blog o en un dominio propio no hace que mis acusaciones sean verídicas, tampoco justifican el hecho que una vez me creí un justiciero y salí al centro de San Salvador a buscar un celular. No, tener difusión no hace que tengamos razón.

Dime, ¿Acaso sientes que eres perseguido? O talvez  ¿Eres demasiado grande para los demás? Confía en mí, más de una vez he creído en una de esas opciones (esos ojos me estaban viendo a mí, yo lo sé y piensas “me tienen envidia seguro”)

O tal vez estamos mal, tal vez solo pasaron los ojos sin vernos, tal vez solo somos una sombra más entre siete mil millones de personas, pero si no importamos entonces, ¿Qué se supone que hagamos?

Nada.

Vivimos enajenados, creyendo que somos nosotros la llave de todo, la llave del cambio, la llave de la evolución, la llave de una puerta que no existe, ni existirá. Quitémonos esa montaña de la espalda, comienza a verse una joroba en el horizonte. No se supone que hagamos nada, nada que ellos quieran. Vivimos, día a día, esperando que sea nuestro día de suerte, sin darnos cuenta que al acabar ese día, mala suerte no tuvimos. No se supone que una sola de nuestras acciones cambie el mundo y a los que nos acompañan, sino que  lentamente nos convirtamos en alguien, para alguien.

Mi nombre es Juan Carlos Menjivar y no soy nadie, y tú también, y eso nos hace hermanos.

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