Opinión

6 Sep 2015
Opinión | Por: Aída Betancourt Simán

Mujeres líderes, motores del cambio social

Hace un mes volví con las maletas cargadas, el corazón pleno y las energías renovadas de una experiencia de aprendizaje incomparable. Cuatro ciudades, 15 mujeres de 12 países, 21 días y un sinfín de experiencias fueron una oportunidad para reflexionar acerca de distintas temáticas que afectan igualmente a todas las mujeres de la región latinoamericana.

Gracias a la coordinación de la Embajada de los Estados Unidos en El Salvador, tuve el privilegio de participar en el “Programa de Liderazgo de Visitantes Internacionales” del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América, que tiene más de 50 años de historia, bajo la temática “Mujeres líderes, motores del cambio social”. Así, a través de entrevistas, visitas y reuniones, pudimos conocer acerca del trabajo qué se está haciendo para promover los derechos de la mujer en tres grandes ámbitos: empoderamiento económico, participación política y derechos humanos y erradicación de violencia contra la mujer.

Las cifras y tendencias en estas áreas, a pesar de que hay muchos

avances, todavía indignan. Las tasas de violencia doméstica y sexual, las (ridículas) prestaciones para permisos de maternidad, la brecha salarial entre hombres y mujeres, la poca representatividad de mujeres en

puestos de poder (tanto en el mundo corporativo como en el sector público), son indicadores de que la igualdad de género sigue siendo una lucha pendiente en ese país también. Sin embargo, es esperanzador ver iniciativas públicas a nivel federal como la Oficina de la Casa Blanca para Mujeres y Niñas, o redes globales de carácter privado como Voces Vitales, hasta trabajos de hormiga a nivel local de iniciativas sin fines de lucro, que están contribuyendo a construir igualdad de oportunidades para las mujeres.

En el sector público,

es evidente que una mayor participación de mujeres en puestos de poder contribuye a una mejor representación de los ciudadanos. Los grupos parlamentarios de mujeres, a nivel federal, estatal y local, permiten alcanzar consensos entre representantes de diversos partidos políticos, con el fin de garantizar el respeto de los derechos de la mujer y dan un ejemplo de pragmatismo alrededor de causas comunes, sin importar ideología.

Pero además, a nivel privado, invertir en la mujer debería ser estrategia. Globalemente, tanto multilaterales como multinacionales concuerdan en que los negocios liderados por mujeres pueden recargar las economías y fortalecer la seguridad financiera de las familias, por lo que deben seguirse apoyando con mayor acceso a crédito y redes empresariales, según lo asegura la

revista Forbes (2010). En nuestro país, el 60 por ciento de las mipymes son lideradas por mujeres, pero solo el 10 por ciento de grandes empresas tienen liderazgo femenino.

En cuanto a derechos humanos, las campañas de prevención, así como la atención de crisis a víctimas de violencia doméstica son todavía necesarias. La toma de conciencia es igualmente fundamental para entender la experiencia de las sobrevivientes, que en muchos casos vuelven con sus abusadores hasta siete veces después de irse por primera vez, resultado del abuso psicológico que han sufrido.

Entre todas las experiencias que conocimos, los ejemplos que destacaron para mí por su potencial de impacto a largo plazo en transformar el liderazgo de nuestro país fueron iniciativas de mentoría. Dichas acciones trabajan de forma innovadora para que mujeres líderes puedan guiar y aconsejar a niñas y adolescentes en las decisiones importantes de su futuro, tanto en el mundo empresarial como en carreras https://www.acheterviagrafr24.com/viagra-prix-en-pharmacie/ públicas, incluyendo cargos de elección popular. Para cualquiera, es importante tener mentores y ejemplos que nos inspiren; para las niñas con aspiraciones de liderazgo, que a menudo no tienen referentes cercanos, estos vínculos se vuelven fundamentales en mantener vivas estas metas y no darse por vencidas en el camino, teniendo como referencia obstáculos que esas mujeres han enfrentado y superado para haber llegado a donde están ahora.

Las luchas son similares en un país gigantesco y desarrollado como Estados Unidos y un pulgarcito en desarrollo: el intercambio de experiencias y mejores prácticas es una fuente de inagotables ejemplos y soluciones

innovadoras, y las mujeres de la región debemos empezar a trabajar juntas para garantizar que la igualdad sea la norma, no un sueño al que todas aspiramos. Mis compañeras de programa fueron, todas, una inspiración y aprendí algo de cada una, de su amor por su causa y de su incansable trabajo en sus países.

En todos lados, las metas que se han conquistado han sido el resultado de un trabajo conjunto de  líderes de sociedad civil, empresarios y políticos que se unen para garantizar los derechos de todas las mujeres; esto tiene que ver con transformar un sistema que da un valor diferenciado a hombres y mujeres, y que para cambiarlo requiere también de incluir a los hombres como aliados claves. Sigamos este ejemplo y continuemos luchando por la igualdad real en las diferentes esferas de nuestras vidas.

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