Opinión

13 Dic 2017
Opinión | Por: Mateo Villaherrera

Mozote nunca más

Un silencio inexplicable caracteriza el caserío que alberga una historia imborrable. Víctimas del más desquiciado crimen hacia la humidad y testigos de una crueldad que fue escrita con sangre. Historia que marca un antes y un después de lo que entendemos como civilización, y que luego de 36 años sigue la impunidad y una verdad a medias que se difunde en pocos, y que a otros no parece importarles.

Negar esta atrocidad es inhumano porque se trata de un acontecimiento de lo que jamás nos sentiremos honrosos. Los resentimientos entre salvadoreños siguen más vigentes que nunca, y no hay nada que lo detenga. Hay que preguntarse nuevamente ¿Qué está mal?  O ¿Quiénes están mal? El promedio de 16 asesinatos al día nos revela que no existe una paz autentica, y que esa reconciliación no pudo ser construida por quienes nos anteceden.

Es pesimista de mi parte decir, pero al parecer el pasado no ha sido suficiente para entender que estamos mal y que debemos detenernos. O, pensaría más bien que quienes son el obstáculo aquí somos nosotros, ya que el pasado por sí mismo es un buen ejemplo para entender tantas cosas, pero quienes se oponen somos nosotros y eso es vergonzoso.

Estoy seguro que muchas personas no leyeron esta columna cuando notaron que se trataba sobre El Mozote, pues para ellos hay asuntos más importantes. Sé que leer mis párrafos no cambia la vida de nadie, pero sí sé que se trata de un manifiesto más y de una persona más que procura cultivar un poco de conciencia en los demás sobre el valor de nuestra memoria histórica.

Para quienes sí lo hicieron, y sienten deseo de hacer algo al respecto, es oportuno mencionar que estamos invitados a descubrir el origen de los problemas, y entretejer sus soluciones. No esperemos a ser víctimas de la intolerancia y la violencia que hemos cultivado con nuestras acciones, -consientes o inconscientes-, durante todos estos años para hacer algo. Procuremos heredar una historia ejemplar, de la cual el mayor logro sea rescatar a cada uno de nosotros.

El Mozote nos exhorta a entender que cargamos un pasado lleno de injusticia, venganza y destrucción. Y ante ello, el desafío que se plantea mejor es el hecho que lo anterior sigue acumulándose en los habitantes, en la familia, en las instituciones, en la clase política, en el gobierno y en cada espacio donde mediocremente hacemos Patria.

La memoria nos invita a reflexionar y a tomar iniciativas auténticas, y contundentes que golpeen con fuerza para bien, que inspiren a los demás y que nos motiven a cada uno. No es tarde para comenzar porque la perversidad de muchos puede caer y la perversidad individual también.

Pero, estoy seguro de que mientras no eduquemos para la paz y convivencia, nuestra educación seguirá siendo estéril. Observaremos como los poderosos habrán estudiado en las mejores instituciones privadas, solo para terminar atropellando a los demás. Y en donde los que fuimos parte del sector público, continuaremos absurdas batallas contra todo el que tenga más o tenga menos.

El valor cultural debe ser reconstruido a partir de la pluralidad, de los consensos, y de todas nuestras expresiones constructivas. Gritemos al mundo de qué estamos hechos y para dónde vamos.

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