Opinión

4 Nov 2014
Opinión | Por: Jaime Ayala

¡Mentiroso, mentiroso!

El mundo de la política está rodeado de subjetividad, tanto así que es difícil diferenciar cuando un actor inmerso en el panorama miente o dice la verdad. Dicha ambigüedad invade periódicos, entrevistas en televisión y ya ni se diga las redes sociales. Afortunadamente, existen herramientas que facilitan el análisis y convierten la visión en una más objetiva, alejando un poco el calor de la situación.

Uno de estos mecanismos es el modelo de Pivotal Politics, desarrollado por Keith Krehbiel, profesor de Ciencias Políticas en Stanford, en 1998. Dicho instrumento permite ubicar a los actores políticos relacionados según sus preferencias y predecir los movimientos y actitudes de cada uno. Ahora bien, conocer aquello que desea cada individuo en determinadas situaciones es difícil, por no decir imposible. Sin embargo, Krehbiel profundizó sobre estas complejidades, determinando que cada actor puede emitir señales fácilmente detectables, lo que conllevaría a una estimación de su actuar.

El modelo, como en los demás países, puede aplicarse en El Salvador, y en esta ocasión interesa el desarrollo y predicción de los comportamientos de los expertos en el país. Sucede, en innumerables ocasiones, que los políticos solicitan la opinión de expertos para refutar o apoyar las ideas que se discuten. De igual forma, estos mismos expertos pueden comentar públicamente sobre asuntos de índole nacional, para así modificar el panorama político.

De esta manera, el modelo de Pivotal Politics ayuda a establecer un filtro que puede ser aplicado desde las entrevistas en televisión hasta una simple columna de opinión en un medio de comunicación. Para esto, la herramienta se fundamenta en lo siguiente:

1.    ¿Es un experto? Muchas veces quienes opinan abiertamente tienen poco o nulo conocimiento de la situación. Krehbiel exhorta a preguntarse si ese que escribe sobre la competitividad del país –por ejemplo-, el panorama político o incluso sobre las elecciones, tiene las credenciales necesarias para hacerlo. ¿Es un economista, ingeniero, abogado o simplemente alguien con la facilidad de convertir ideas en palabras? Y si es un experto, ¿qué tanto lo es?

 2.    ¿Qué le conviene al experto? Este es el filtro más complicado, dado que el “experto”, en teoría, no debería mentir. Sin embargo, suele suceder que estos actores contaminan sus declaraciones con lo que dictan sus preferencias. Por ejemplo, un analista político que viva en una zona donde un determinado candidato ha propuesto aumentar los impuestos, será más propenso a dirigir sus comentarios en contra de este candidato.

Estos dos puntos, que si bien implican un análisis simple, permiten aclarar un poco los panoramas que pintan los diversos actores de opinión. El mundo cada vez se está convirtiendo en un espacio donde cualquiera escribe un texto en línea, consigue un par de “likes” y se publica en un periódico. El filtro propuesto por Keith Krehbiel constituye una herramienta importante, mas no la única, para criticar lo que leemos y escuchamos a diario.

Las elecciones se acercan en El Salvador y llega la época en que todos se convierten en analistas políticos, criticando o apoyando a determinados partidos o candidatos. Vale la pena preguntarse, entonces, si los expertos del mañana se encuentran actualmente profundizando en sus estudios o si simplemente son individuos que bosquejan ideas basadas en rumores. Hay que cuestionarse, por tanto, si estos expertos son capaces de aislar sus preferencias, sin decantarse ridículamente por determinado actor.

El modelo de Pivotal Politics, aunque muy funcional, no es perfecto. Presenta irregularidades que conllevan a un análisis a veces escaso. La pregunta fundamental es, entonces, ¿a quién creerle? ¿Todos mienten? Krehbiel piensa que no y deja el debate abierto. Al ser una herramienta construida con base en probabilidades, conviene pensar en los incentivos de cada actor para mentir o decir la verdad, mecanismo que ayuda a construir un mejor panorama.

La enseñanza es dudar de aquello que dicen los famosos “expertos” en periódicos, redes sociales o hasta en una cantina. La próxima vez que leamos un análisis económico o político, planteemos un par de preguntas básicas: ¿tiene fundamento su opinión? ¿Qué tan fuertes son sus credenciales? ¿Por qué debería mentir? ¿Le conviene hacerlo? De esta forma, será más fácil detectar la veracidad de las opiniones, independientemente de donde provengan. 

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