Opinión

6 Sep 2017
Opinión | Por: Verónica Ruiz

Mensaje en la botella

 

Hace 40 años, la humanidad comenzó un viaje hacia el infinito. Como parte del programa Voyager de la NASA, dos sondas, Voyager 1 y Voyager 2, fueron lanzadas al espacio para estudiar el Sistema Solar  y sus afueras.

 

La Voyager 1 y 2 están explorando donde nunca antes un artefacto hecho por el hombre había llegado, cada una está más lejos de la Tierra y del Sol que Plutón. De hecho, en el 2012, la Voyager 1 entró a lo que se conoce como medio interestelar, es decir, la región que existe entre las estrellas que forman una galaxia. Estas regiones están compuestas de polvo, partículas de gas, rayos cósmicos y campos magnéticos, y es aquí en donde se forman las estrellas.

 

Para poder realizar diferentes estudios, captar datos y luego enviarlos a la Tierra para que aquí puedan ser analizados por un cuerpo de científicos, las sondas necesitan cargar con mucho equipo, como cámaras, espectrómetros, magnetómetros y computadoras para poder controlarlos. Por supuesto, estos equipos necesitan una fuente de poder para funcionar; las Voyager obtienen esta energía a partir de decaimientos radiactivos de isótopos de Plutonio-238.

 

La suma de la masa de todos estos artefactos es aproximadamente 1, 700 lbs y para poder manipular el movimiento de una masa tan grande se necesitaría mucho combustible, lo cual agregaría aún más material. A finales de los 70’s, valiéndose de una alineación planetaria la NASA utilizó los campos gravitatorios de estos planetas para mover y maniobrar la dirección de las sondas, es decir, los planetas empujaban o jalaban a las sondas según fuese necesario.

Disco de Oro de la misión Voyager

 

Pero, además de todo el invaluable conocimiento que hemos logrado gracias a esta misión, también estamos compartiendo algo con el espacio exterior. Cada una de las sondas carga con ella un disco de oro de 12 pulgadas, el disco contiene sonidos de la naturaleza, como el canto de ballenas, aves, el viento, las olas, risas y saludos en 55 idiomas distintos. Y, además de música de diferentes culturas, también tiene imágenes como ecuaciones matemáticas, constantes físicas, un diagrama del Sistema Solar, el ADN, un electroencefalograma de alguien enamorado, anatomía humana y de otros animales, y plantas, comida, edificios, etc. Así como, tiene un saludo de, el entonces presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter:

 

“Este es un regalo de un mundo pequeño, distante. Una muestra de nuestros sonidos, nuestra ciencia, nuestra imagen, nuestra música, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos. Estamos tratando de sobrevivir a nuestro tiempo para que podamos vivir en el suyo”

Jimmy Carter

 

Las Voyager son como una botella con un mensaje que flota en el infinito, en caso de que en algún momento una civilización extraterrestre encontrara una, nuestro planeta habría desaparecido millones de años atrás; pero, las Voyager siempre cargarán consigo la prueba de que hubo una vez en la historia en el que una pequeña civilización se atrevió a explorar el Universo.

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