Opinión

15 Abr 2016
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

¿Medidas “extraordinarias”?

“Se ha tenido que llegar a estos extremos porque el Estado no tiene la capacidad de controlar el desmedido libertinaje que ellos mismos provocaron en los centros penales”.

Las personas que viven cerca de los centros penales empiezan a ver los resultados de las supuestas medidas extraordinarias aprobadas por la Asamblea Legislativa e implementadas por el Gobierno. No hay nada de extraordinario en este tema, pues si se hubiese cumplido con la ley, no fuese necesario legislar prohibiendo la señal de telecomunicaciones en los centros penales y sus alrededores.

¿Alguien dijo que es permitido a los reclusos usar aparatos de tecnología y sus accesorios? Eso es ilegal y siempre lo fue. ¿Desde cuándo se utilizó el centro penal como la casa matriz de las “Extorsiones y Homicidios S.A. de C.V.” en El Salvador? Eso fácilmente debió prevenirse. Pero a la luz de la tregua se inició el paraíso de las regalías y ahora estamos sufriendo las consecuencias de esta violencia desenfrenada. No era necesario llegar al extremo de bloquear la señal de telefonía, basta que haya un minucioso registro y no permitan el ingreso de aparatos telefónicos ni accesorios. Esto es sencillo: se tiene que cumplir la ley, es obligación cumplir lo estipulado en los artículos 338-B del Código Penal y 14-C de la Ley Penitenciaria. ¿O acaso las autoridades desconocen el delito de tráfico de objetos prohibidos en centros penales de detención o reeducativos?

Se ha tenido que llegar a estos extremos porque el Estado no tiene la capacidad de controlar el desmedido libertinaje que ellos mismos provocaron, y ahora pretenden tapar el sol con un dedo. En vista que ya estamos inmersos y hundidos en este caos, se torna necesario ponernos de acuerdo, así como han hecho todos los grupos parlamentarios de la Asamblea Legislativa y cumplir la ley, teniendo la imperiosa necesidad de bloquear la señal en los centros penales donde se encuentran los reos más peligrosos. Ni modo, son las consecuencias de la excesiva tolerancia y de ser permisivos y pasivos ante la incontrolable fiesta de los encerrados.

Estoy de acuerdo como una medida –si se le quiere llamar así-, extraordinaria, pero no con otras medidas extremas que rayan la legalidad encaminadas únicamente a la represión. La experiencia nos ha demostrado que la violencia genera más violencia, y que detrás de todos los pandilleros asesinados hay un padre, una madre, hermanos, hijos, amigos, que a raíz de su muerte, les crece más odio hacia los miembros de la Policía, soldados, grupos de exterminio, el Estado, el sistema y se vuelven enemigos de la sociedad. Ellos son los futuros delincuentes, no porque quieran serlo, sino porque han sufrido la dolorosa pérdida de seres queridos y quieren cobrar venganza.

No vamos a controlar el Dengue, Zika y otras enfermedades solo matando zancudos pero permitiendo la acumulación de agua en recipientes donde se van formando las próximas generaciones de zancudos; pues en esa lógica, tampoco vamos a erradicar la violencia matando pandilleros pero dejando a una legión de niños en zonas de riesgo, estudiando y formándose como futuros “pandillerólogos”.

El Ministerio de Justicia y Seguridad, en boca de su viceministro, ha asegurado que están trabajando en el área de prevención, creando talleres, escuelas de fútbol y otras actividades de sano esparcimiento a fin de alejar a los jóvenes de las redes de las pandillas.

El Ministerio de Educación no ha dado gran aporte en su indispensable área. Apostarle a la educación es lo que ningún Gobierno quiere hacer, pues ansían resultados tangibles en el corto plazo, situación que no lograrán con la educación, puesto que iniciar ahora con un agresivo proyecto de educación a todos los niños, acarrearía resultados dentro de 15 años aproximadamente, cuando se conviertan en personas de bien y productivas para la sociedad. Pero el hambre de poder es grande, y nadie aceptaría iniciar un proyecto para que otros disfruten los resultados.

¿Y la sociedad? Es la fuerza humana capaz de revertir esta nefasta situación y por nuestras manos pasa la solución a este flagelo. No estemos esperando que Papá Gobierno resuelva los problemas que nosotros de forma directa o indirecta hemos provocado.

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