Opinión

17 Oct 2014
Opinión | Por: Jacqueline Martínez

Me miras mucho, pero no me ves…

Estamos acostumbrados solo a ver las limitaciones de las personas con discapacidades, pero no nos damos cuenta de sus habilidades y fortalezas.

“La peor discapacidad es la de no darse cuenta de que somos iguales, me miras mucho, pero no me ves”. Este tipo de frases nos identifican como salvadoreños, hablando sobre el comportamiento poco solidario que presentamos ante las personas con discapacidad visual.

Caminar por la calles, trabajar, viajar en el transporte público, son algunas de las actividades que diariamente realizan personas que padecen de ceguera. Siguen siendo personas normales como usted y como yo, tienen las mismas habilidades y el derecho de ser tratados por igual.

Durante un par de años tuve la oportunidad de observar a una joven que abordaba el transporte público todos los días a la misma hora y en el mismo lugar. El bus, por ser una hora pico, era común que fuera extremadamente lleno. Me molestaba que nadie le ofrecía su asiento, ella caminaba siempre con una sonrisa en su rostro hasta el final del automotor.

No puedo negar mi admiración hacia ella porque sabía identificar muy bien cuando llegaba el momento de bajarse, nunca se equivocaba, sin importar si el bus hacía una parada extra o por el contrario omitía alguna. Realmente no sé si contaba las estaciones pero siempre se bajaba y caminaba ante la mirada de muchos.

Era impresionante ver de cerca un ejemplo de superación, una joven que quizá nunca ha podido ver el sol, apreciar las flores ni su rostro reflejado en un espejo, saliera tan temprano hacia su lugar de trabajo, sin darse por vencida y enfrentándose a la indiferencia de un pueblo.

Cada mañana ella se convertía en mi inspiración y la forma en la que Dios me hablaba y me decía: “lo tenés todo, hoy no es día para quejarse”. Su caso es de los pocos en los que la suerte ha corrido de su lado, y aquel jefe que la contrató decidió que la discapacidad que padecía no era el dato más importante en su curriculum vitae.

Sin embargo, hay otros a los que no les ha ido tan bien, como el caso de Ricardo Pérez, quien padece de ceguera desde su nacimiento. Este joven se enfrentó muchas veces a la negación de una oportunidad laboral debido a su discapacidad visual. Durante hace varios años ha participado en programas de capacitación en artesanías, panadería y masajes terapéuticos. Con el pasar del tiempo logró, con ayuda de organizaciones, obtener un empleo en una cadena de tiendas de ropa, en el área de atención al cliente. Esta es la forma con la que logra subsistir y aportar un poco de dinero a su hogar.

Es una lástima que según una estimación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en nuestro país solo un 30 por ciento de las personas con alguna discapacidad logran obtener un empleo para subsanar sus necesidades. Esto pese a que el artículo 24 de la Ley de Equiparación de Oportunidades establece que “todo patrono privado tiene la obligación de contratar por cada 25 empleados a una persona con discapacidad”, al igual que el sector público.

Sin embargo, el Ministerio de Trabajo cumple con su deber y se mantiene al tanto del sector. Hasta julio del 2014, habían colocado a 61 personas en diferentes puestos a través de bolsas y ferias de empleo. De estos, 69 por ciento eran hombres y 31 por ciento mujeres.

Ahora solo nos queda como sociedad ser solidarios y no perder el humanismo con estas personas. Ellos necesitan nuestra ayuda, no nuestra lástima. Necesitan que tengamos consideraciones con ellos, que cedamos el paso o que les ayudemos a cruzar la calle; pero sobre todo, que recordemos que todos somos iguales y debemos ser tratados como tal.

16 Ago 2017
Política prostituida
Opinión | Por: Juan Carlos Méndez

Política prostituida

15 Ago 2017
Fábricas de problemas y soluciones
Opinión | Por: Erick Hernández

Fábricas de problemas y soluciones

14 Ago 2017
Jóvenes, ¡es hora de actuar!
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

Jóvenes, ¡es hora de actuar!

14 Ago 2017
La Libertad como un punto de inflexión
Opinión | Por: Karen López

La Libertad como un punto de inflexión