Opinión

14 Mar 2015
Opinión | Por: Aída Betancourt Simán

¿Más vale tarde…?

El día de las elecciones es un día para celebrar el poder de elegir a nuestros representantes. El domingo 1 de marzo no fue la excepción. A pesar de las dificultades, miles de ciudadanos madrugaron, pidieron permiso en sus lugares de trabajo y se movilizaron para ir a ejercer el sufragio. Muchos también, a pesar de la insuficiente campaña del Tribunal Supremo Electoral (TSE), se informaron por su parte respecto a la nueva modalidad del voto cruzado, con el objetivo de no anular su voto y poder aprovechar esta nueva forma que nos concedió la Sala de

lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) para tener más poder al decidir a quiénes elegimos a los cargos públicos. Miles también se inscribieron como integrantes de las Juntas Receptora de Votos (JRV) para dirigir, facilitar o vigilar el proceso electoral y, además, contar los votos de cada urna en un complejo proceso, resultando en una titánica tarea que, en la mayoría de casos, los mantuvo más de 30 horas trabajando.

No obstante, esta dedicación y diligencia no fue evidente de parte del TSE y de otros actores relevantes para el proceso. Durante la jornada, pudimos observar las colas de ciudadanos que esperaban la apertura de los centros de votación (en promedio, con más de una hora de retraso) y las fallas de materiales del paquete electoral. También pudimos conocer decenas de casos de integrantes de mesas designados por partidos que votaron en su JRV y luego desaparecieron, en violación de lo establecido en el Código Electoral, más rápido de lo que se puede gritar “iFRAUDE!”, así como de casos de partidos que hacían propaganda fuera de centros de votación y cuyos representantes trataban de influenciar el voto de los ciudadanos en sus urnas.

No pienso extenderme sobre la desastrosa labor del ente electoral durante este proceso, pues muchos lo han hecho ya mejor que yo. Sí vale la pena, sin embargo, reflexionar sobre el irrespeto que el desorganizado https://www.acheterviagrafr24.com/peut-on-se-procurer-du-viagra-sans-ordonnance/ desarrollo del proceso electoral implicó, y sigue implicando, para los ciudadanos, sobre todo para los que participaron en el conteo de votos, y de los candidatos que, en función de sus propias cuentas ante la ausencia de datos oficiales, reconocieron sus derrotas y felicitaron a los ganadores. Estos comportamientos contribuyen al proceso electoral por el que supone velar el TSE, aunque este fue el actor que menos

lo ha hecho hasta hoy.

El Tribunal tiene obligaciones muy específicas, como cita el artículo 63 del Código Electoral, que incluyen: “convocar, organizar, dirigir y vigilar los procesos electorales”, “practicar el escrutinio preliminar y definitivo de las elecciones presidenciales, de Diputados o Diputadas al PARLACEN y a la Asamblea Legislativa y de Concejos Municipales” y “divulgar por los medios oficiales y privados de comunicación social los fines, procedimientos y formas de todo proceso electoral”.

En este sentido, desde antes del 1 de marzo con la insuficiente campaña informativa, hasta el fiasco que de sobra conocemos para el escrutinio final (ya que nos dejaron sin preliminar), incluyendo la (no) contratación de empresas capaces y con experiencia, el TSE incumplió en todo sentido su tarea. La nefasta actitud del presidente del TSE, que solo nos https://www.acheterviagrafr24.com/prix-viagra-pharmacie/ recuerda a la de un arrogante expresidente con paranoia de conspiración, así como las denuncias de ciudadanos que están participando del escrutinio y que están presenciando una desvergonzada repartición de votos sin ninguna consideración de la voluntad ciudadana, son el colmo de un proceso electoral viciado desde el inicio.

Ciudadanos salieron ya a las calles a exigir resultados. Sigamos alzando la voz para exigir un escrutinio eficiente, y sobre todo transparente, para garantizar que los resultados finales reflejen la decisión de los ciudadanos, en respeto de la soberanía popular como está definida en los artículos 83 y 86 de la Constitución. Que se abran las urnas si es necesario y una vez este fiasco se dé por terminado, empujemos con fuerza una reforma integral del TSE, para garantizar que este momento tan importante en un sistema democrático no vuelva a convertirse en un lamentable circo mediático, reflejo de ineficiencia institucional y caldo de cultivo para la corrupción.

P.D. Es penoso que no haya tenido que preocuparme, al momento de escribir, sobre la vigencia de la columna al publicarla, confiada en que no habría resultados todavía.

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