Opinión

9 May 2013
Opinión | Por: Jaime Ayala

Más filósofos, menos economistas

Bajo la racionalidad en que se ha intentado encarcelar al ser humano, difícilmente se le es exigido que camine más allá de sus ideales. La comodidad que acarrea acogerse en ciertos principios, aparentemente inquebrantables, dudosamente se intercambiará por una lucha feroz que implique criticar lo incuestionable. Desde que nacemos, se nos inculca en qué creer, cómo pensar y hasta lo que hay que leer. Sin embargo, la mejor maestra de todas, la historia, nos ha enseñado que todos los cambios son solo cuestión de tiempo.

El título de esta columna no se refiere a ninguna propuesta educativa de índole gubernamental; sin embargo, sí proviene de una. Hace ya mucho tiempo, Andrés Oppenheimer, analista político de Latinoamérica, propuso (¡Menos filósofos, más ingenieros!) que un apoyo a carreras más técnicas, en lugar de ciencias abstractas (como la filosofía), podría generar mayor riqueza a largo plazo para las naciones. Me parece que no existen dudas sobre esta teoría como método para una mejor educación e incluso como medio para evitar la pobreza. Pero, ¿qué estaremos sacrificando? ¿Realmente necesitamos menos filósofos?

Estoy seguro de que las intenciones de Oppenheimer no se relacionan con desprestigiar la filosofía, pero hay varios aspectos que me gustaría destacar de su pensar. Tal y como dijo el filósofo español José Ortega y Gasset en una ocasión: “La física sirve para

muchas cosas, mientras que la filosofía no sirve para nada…” En efecto, este conjunto de saberes no persigue una utilidad concreta para los seres humanos. Dista mucho de ser financiera o monetaria. En fin, comparar la filosofía con una ciencia exacta como lo son las ingenierías y la economía puede ser un error grave.

Ahora, y quizá lo que más me preocupa, es lo que efectivamente sacrificamos a causa de filosofar cada vez menos. Vivo en un país arrogante, donde cada quien considera que sus verdades son las correctas. Veo cómo el rico juega a ser mayoría en redes sociales que el pobre no conoce. Intento alejarme de los desórdenes políticos a causa de la polarización, mientras que allá, donde no hay qué comer, ser de izquierda o derecha es lo que menos importa. Cada día leo comentarios de personas que siguen peleando por veinte años que no distan de los últimos cuatro. No me vengan a decir que necesitamos menos filosofía. No quiero desmeritar esta enorme arma que es el saber, pues esta columna no es suficiente espacio. Quisiera decir que los jóvenes somos el nuevo futuro de El Salvador, que seremos la nueva masa crítica de esta nación. Sin embargo, cada vez me preocupa que sigamos cuestionando lo que ellos, quienes nos metieron en este lío, quieren que critiquemos. Si revisamos las páginas de la historia humana podemos darnos cuenta que los más grandes héroes, víctimas del sistema autoritario que se les impuso, defendieron sus ideas hasta la muerte. El mundo los juzgó por considerarlas incorrectas y distintas, lo cual no difiere de lo que muchos jóvenes hacemos ahora. Si algo ha cambiado desde la guerra es que ahora se disparan menos balas y hemos enderezado un poco la democracia. Por lo demás, la batalla sigue cobrando mentes cada vez más frescas y deseosas de aprender. El miedo a pensar diferente o a ser juzgado por llevar la contraria no ha cambiado en lo absoluto. Equivoquémonos, jóvenes, erremos por nuestra propia cuenta. Dejemos de pelear por argumentos escritos hace muchos años en los libros, y eso incluye la Biblia. No permitamos que la ceguera nos lleve a confiar plenamente en autoridades jurídicas o políticas que pueden equivocarse eventualmente.

 

“Ser la masa crítica del país” se oye simple, se pronuncia más sencillo aún, pero es más complicado que un político de izquierda y otro de derecha se pongan de acuerdo por el bien del país. Sí considero que profesiones más técnicas (como la ingeniería o la economía) conducen a un mejor desarrollo en la educación, pero con respecto a la filosofía me queda una enorme duda. El salvadoreño necesita filosofar mucho más. Sin embargo, puede que me equivoque. Al final, la filosofía no sirve para nada.

  • El simple hecho de ponerte a pensar y a cuestionar el por que de todo
    ello, el que se te cree esa maravilla que se le llama duda, el dudar de
    todo y no aceptarlo simplemente porq si, es muy importante el discutirlo
    y si bien todos creer q la filosofía no sirve para nada, seria bueno
    dar una hojeada a toda la historia y que gran influencia a tenido y
    seguirá teniendo, lo único malo es que no existe una filosofía propia de
    nuestro país, he ahí es detalle y mas aun el q queramos hacerla desde
    el padre que jamas nos reconocerá, pero bueno el saber y ese amor al
    conocimiento es lo que te despega de la ignorancia, toda carrera tiene
    su buenas cosas, pero en toda carrera se filosofa eso hay que siempre
    tenerlo en cuenta, cierto que no buscaremos definir q es el ser, mucho
    menos buscar y comprobar la existencia de Dios, seria mas que todo ver
    el rumbo que nuestro país lleva y cuestionar que estamos haciendo mal en ello.

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