Opinión

1 Sep 2017
Opinión | Por: Juan Carlos Menjívar

Más balas menos personas

Jamás penséis que una guerra, por necesaria o justificada que parezca, deja de ser un crimen.

Ernest Hemingway

 

Ustedes no lo saben o simplemente no quieren aceptarlo, pero acabamos de ver el nacimiento formal de un nuevo batallón de la muerte. Colonia Las Casitas, Distrito Italia y una zona rural en Aguilares fueron los lugares escogidos para imponer la nueva visión de las Fuerzas Especializadas de Reacción El Salvador (FES).

El Salvador es cómplice de una nueva mancha negra en nuestra -de por si oscura- historia. Y no hablo únicamente de nuestros gobernantes, sino también del pueblo; un pueblo enojado y hambriento de venganza, cansado de su vida y situación. Después de tantos años de postguerra al fin hemos entendido que la pluma no vencerá al fusil.

El inicio es pequeño y hasta insignificante, tres pandilleros muertos. ¿Cuántos han matado ellos? ¿Cuánta sangre no han derramado ellos? ¿Por qué no uno o dos más? De todos modos sobran, solo son pandilleros. El Batallón Atlácatl solo mataba guerrilleros.

La pena de muerte siempre ha sido un tema delicado de tocar, a mi parecer mucho más que cualquier otro, después de todo ¿Cómo podemos justificar el quitar una vida? Ahora las ejecuciones extrajudiciales son aún peores al hablar, porque eliminamos el elemento principal de justificación de la pena de muerte, la confianza en el sistema judicial. Una ejecución extrajudicial es tomar un atajo, una dispensa de trámite y hacer el trabajo por la patria.

Los FES están listos para hacer su trabajo y les han dado rienda suelta para ello. Serán jueces y verdugos de los que encuentren, y espero, que si me encuentran no crean que parezco pandillero.

Nadie puede decirnos qué hacer, ni cómo sentirnos, y por eso no soltaré ni una lágrima por los tres pandilleros. Ni los conocía, ni me hubiera gustado conocerlos, pero tenían familia, amigos y conocidos, que a diferencia de las personas que darán “Like” a los asesinatos, ellos también contarán una historia. Quizás en unos años el “Best Seller” del país sea “Sobreviviendo a la matanza de San Blas”.

Olvidamos el elemento esencial de una pandilla, el sentimiento de una familia. Y la familia no deja cabos sin atar, ni policías sin vigilar. Hablar de este tema requiere una profundidad que yo no puedo darle, tanto por mi misma incapacidad como por mi poco entendimiento de toda la situación. Pero de lo que estoy seguro es que no me gustará vivir en un El Salvador enojado y hambriento de sangre.

Yo no escribo este artículo por tres personas muertas, lo escribo esperando que el próximo que llegue al poder, no siga creyendo que libertad se escribe con sangre. 

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