Opinión

6 Mar 2014
Opinión | Por: Aída Betancourt Simán

Más allá del 9 de marzo

En El Salvador, no han existido en la práctica acuerdos mínimos sobre qué país queremos ser, ni un consenso sobre cómo y para qué se ejerce el poder: hemos sido testigos de un total pisoteo a la institucionalidad, atropellos al Estado de derecho,

falta de transparencia, cortoplacismo en las políticas, y otros muchos vicios que gobiernan la forma de hacer política. Por otro lado, como sociedad, estamos inmersos en discursos de odio, enfrentamiento y resentimientos. Esto no solo se debe a la campaña electoral de los últimos meses, sino también a las tensiones que se han venido alimentando y a la polarización que el Presidente Funes, con su omnipresencia mediática, ha promovido incesantemente.

Esta “Intolerancia”, como menciona Carlos Dada en un editorial, ha convertido al nuestro en un país de Ellos y Nosotros, que no puede convertirse en una Nación. Mucho menos con una clase política sin poca o ninguna vocación de servicio, y una total falta de conciencia de la responsabilidad que implica tener las riendas de los asuntos públicos de un país. Ejemplos de esto sobran, y en esta campaña solo se han hecho más evidentes los principios por los que se rigen nuestros políticos: conveniencia, corrupción y compadrazgo.

Por lo mismo, independientemente de quién resulte electo este domingo, todos los salvadoreños tenemos que comprometernos a ser una ciudadanía exigente, siempre. Exijamos la materialización de nuestras expectativas y hagamos que los vicios de la política se corrijan. Exijamos a quien sea que gane las elecciones, que se siente a dialogar con la oposición y todos los sectores del país para que, juntos y en función de las demandas de los ciudadanos, establezca prioridades comunes para todos los salvadoreños y se comprometa a respetar las reglas del juego democrático.

No se trata de exigirle a un partido políticas sectoriales para jóvenes por ser jóvenes o para mujeres por ser mujeres, basadas en programas únicamente asistencialistas, de corto plazo y simplemente no sostenibles, sino de que el próximo gobierno asuma un mínimo de compromisos que garanticen que todos los ciudadanos tengamos las mismas oportunidades de ejercer nuestros derechos. Esto implica inversión en educación, estimulación de la creación de empleo, planes integrales de seguridad, entre muchos otros. Sin importar la bandera, hagamos que el próximo gobierno

se caracterice por ser aquel que se comprometió a respetar las reglas del juego, a servir a los ciudadanos y no a servirse del poder, a priorizar los temas donde existen más carencias en el país, a ser transparente en todas

sus actuaciones.

La clave radica en generar consensos y encontrar esas áreas comunes donde todos, a pesar de nuestras distintas opiniones, podamos coincidir. Los mínimos necesarios para evitar arbitrariedades en el ejercicio del poder y garantizar que el mismo actúa en función de generar mejores condiciones de vida para los ciudadanos, se encuentran https://www.viagrasansordonnancefr.com/viagra-generique/ en la Constitución y, en medio de los rumores y anuncios camuflados de reforma, tenemos que hacer énfasis en lo transcendental de respetar la que ya tenemos. El respeto a la Sala de lo Constitucional como único y ultimo intérprete de la Constitución y el carácter obligatorio de sus fallos; el inquebrantable compromiso con la transparencia de una vez por todas y sin intentos de retroceder; el Estado de Derecho sin excepciones deberían guiar a nuestros mandatarios.

No solo como jóvenes, sino como salvadoreños, como ciudadanos convencidos de que podemos convertirnos en un país de oportunidades y desarrollo, debemos ser proactivos y actuar desde dentro y fuera de los partidos políticos. Debemos renovar ideas, volver a principios, refrescar la forma de hacer política y basarla en transparencia, honestidad, méritos. La ciudadanía está despertando y hemos visto desde hace unos años la emergencia de organizaciones y de liderazgos de sociedad civil ante la falta de rendición de cuentas de la clase política, una sociedad civil que trasciende colores o banderas y que actúa para promover aquellas causas que compartimos como salvadoreños.

Es necesario que este impulso de construcción de ciudadanía siga, crezca, se fortalezca y se mantenga más allá de los eventos electorales. Es imperativo que nos informemos, que seamos ciudadanos permanentemente comprometidos, exigentes y responsables. Exijamos más porque merecemos más; sigamos haciéndolo de forma proactiva, siempre.

  • @PBenitezX

    Muy pertinente texto. Exijamos compromisos concretos, con plazos definidos y objetivos de nación.

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