Opinión

30 Mar 2017
Opinión | Por: Karen Vargas

Más allá de la memoria de un mártir

No se necesita ser una persona religiosa o un cristiano devoto para haber escuchado, más de alguna vez, la frase: “las palabras de Monseñor Romero están más vigentes que nunca”.

Han pasado ya más de tres décadas desde su asesinato y, aparentemente, el país que lo vio morir sigue en la búsqueda de justicia. Y no únicamente de su muerte, sino de todos los actos de desigualdad que se han venido dando hasta la actualidad.  Sin embargo, el contexto social, económico y político del país demuestra que esa búsqueda no ha tenido buenos resultados, y que el espíritu del pueblo que le sigue no ha cambiado. Continúan cansado de esperar que la justicia llegue y sane heridas que llevan años presentes.

Últimamente, he escuchado con mayor frecuencia y fuerza las quejas, y molestias de las personas sobre la situación actual del país. Creo que todos lo hemos hecho más de una vez. El problema no ha sido el quejarnos las veces necesarias, sino la forma en que lo hemos hecho y que no lo hacemos con las personas correctas.

Ese contexto en el que su conmemoración se ha venido celebrando desde hace ya varios años, lo hace ver como un intento fallido por querer demostrar a un país que se encamina a encontrar respuestas. Hasta podría confundirnos el hecho que su legado en defensa de los derechos humanos, durante el conflicto armado salvadoreño, fue reconocido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y declaró así el 24 de marzo como la fecha en que se enfatiza el derecho a la verdad que tienen las víctimas de violaciones a estos derechos. Todos esos acuerdos, reconocimientos y cada vez que el “beato de El Salvador y América Latina” es nombrado en el exterior para hacer referencia a la búsqueda de justicia y al fin de desigualdades, nos hace pensar a los salvadoreños que en verdad es algo que está sucediendo y que la brecha de desigualdades es menor.

Eso solo alimenta los corazones que viven de esperanza, y que su criterio de justicia se limita ahora a una justicia divina, porque son corazones cansados de esperar justicia en la sociedad de la que son parte. Ante todo esto, ¿qué significa en realidad recordar la muerte de Monseñor Romero? Porque el simple hecho de recordarla no nos acerca a seguir las verdades que él defendió hasta su último día.

Parece ser muy fácil recordar su muerte, incluso sus victimarios la recuerdan, pero está resultando difícil tomar verdaderas acciones para defender el camino del que tanto habló Monseñor Romero. Cuando decimos que sus palabras son aún vigentes, decimos que aún tienen validez y que, aunque ya no esté quien las pronunció por primera vez, sus ideas siguen vivas y están ahí presentes entre los salvadoreños. Probablemente, esa sea una de las razones por las que aún no terminamos de encontrar justicia, porque solamente nos quedamos repitiendo sus palabras.

Conmemorar un personaje que luchó por la paz y estabilidad de todo un país debería significar más que solo palabras juntas y memorias guardadas.

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