Opinión

28 Ago 2014
Opinión | Por: Gumercindo Ventura

Luz de la calle, ¿oscuridad de la casa?

En la naturaleza, quien no se adapta muere y desaparece. Esto no solo es un enunciado darwiniano, aplica hasta para los negocios. Empresas que han fallado en la misión de evolucionar para adaptarse a las nuevas tendencias, tecnologías y gustos de sus clientes han desaparecido. Las que han sabido adaptarse han sido las que han durado décadas y a veces hasta siglos siendo exitosas.

El New York Times, por ejemplo, es una empresa que se fundó en 1851. Desde entonces ha sabido desenvolverse como un medio impreso exitoso, posicionándose como uno de los periódicos más respetados, no solo a nivel nacional, sino en todo el mundo. Este periódico ha pasado por varias crisis económicas y dos guerras mundiales. En la última década se ha enfrentado a lo que pudo haber sido su mayor reto: el mundo digital. A pesar de estas dificultades, el periódico sigue en pie satisfaciendo a su mercado.

La misma lógica se puede usar para los partidos políticos. En este caso el mercado son los votantes, y lo que los partidos tienen que ofrecer es gente capaz de impulsar un proyecto de país. Así como las grandes y más exitosas empresas adaptan sus productos y servicios a las necesidades y gustos de sus clientes, los partidos políticos deben moldear su oferta política para que sea la mejor que hay en el mercado.

Estoy seguro de que para muchas empresas que han sido exitosas con un producto es difícil descontinuarlo una vez han cumplido su misión. El Walkman de Sony, por ejemplo, fue un producto muy exitoso y popular en su momento. Ahora solo nos sirve de reliquia. Otros productos como reproductores portátiles y hasta el mismo teléfono celular lo sustituye y con creces.

Un partido político puede enfrentarse a una situación similar. Hay líderes que pudieron haber sido muy útiles y provechosos en la época de la guerra. Hay otros que quizá se desempeñaron mejor en los años posguerra, reconstruyendo el país y trazando un nuevo rumbo. Eso no necesariamente significa que tienen lo que se necesita para llevar las riendas de las exigencias que El Salvador demanda hoy en día.

El fin de semana pasado, Arena dio un paso muy importante hacia la evolución dentro del partido. Por primera vez se celebraron unas elecciones internas para que las bases fueran quienes escogieran a sus representantes en vez de que la cúpula tuviera todo el poder al respecto. Por fin quienes lideran el partido, y se jactan de ser los paladines de las libertades y la democracia, dan señales de esos principios internamente. No debe de ser tan fácil ceder parte del poder a otros y más cuando han sucedido casos como el de los diputados tránsfugas.

No es que el trabajo esté hecho y el proceso sea perfecto. Está muy lejos de serlo, pero se ha dado un gran primer paso y por primera vez estamos viendo rostros más jóvenes. Vemos gente renovada, que manejan otro discurso y que pareciera pueden cumplir mejor esa tarea de evolución interna. Serán estos nuevos rostros los encargados que este no sea el único paso, para que la renovación sea constante.

Ahora solo falta que el FMLN de un paso similar. Pareciera que es un reto más grande todavía, ya que el partido es más conocido por su verticalidad, rigidez y disciplina interna. Ya hemos conocido varios casos en los que líderes que exigen apertura desde dentro han sido apartados a un lado. El llamado es a las bases del FMLN. Si de verdad quieren que su partido evolucione, exijan apertura. No dejen que la “inclusión” se quede en un simple eslogan de campaña.

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