Opinión

3 Oct 2015
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

“Los irresponsables jóvenes”

 

Surge la imperiosa necesidad de irrumpir puertas y colarnos en la fiesta política monopólica que celebran los de siempre, los que económica y políticamente tienen poder inquebrantable.

Los jóvenes todo lo hacemos chiste, no somos serios, no somos responsables, no somos puntuales, no tenemos metas en la vida, solo pensamos en vacilar. Estas y otras conductas se nos atribuye y generaliza a los jóvenes. Tienen razón en muchos casos, pero también es peligroso cortar las alas a quienes les interesa servir a la comunidad, a la sociedad y al país. Debido a estos paradigmas es que los adultos experimentados cierran las puertas a los jóvenes en la política para que puedan desarrollarse, crecer, servir y trabajar para construir un país mejor.

Observamos periódicamente el modus operandi de muchos funcionarios: el compadrazgo inevitable, la devolución de favores, la negligencia nata y la corrupción latente que se impone en el ambiente. Para erradicar este flagelo es menester la participación de nuevos actores que den un giro radical a la forma de hacer política.

A falta de apertura de oportunidades para los jóvenes dentro de organizaciones civiles y partidos políticos, surge la imperiosa necesidad de irrumpir puertas y colarnos en la fiesta política monopólica que celebran los de siempre, los de hace décadas, los que económica y políticamente tienen poder “inquebrantable”. Y una de las acciones fundamentales para lograr ese objetivo es la asociación y reunión de jóvenes para discutir y debatir temas políticos o de otro ámbito referidos al acontecer cotidiano.

Existen muchas organizaciones de jóvenes con distintos fines que, a través del arduo trabajo realizado están dejando huella en su comunidad, en su trinchera. Felicidades a los que deciden abstenerse de ver televisión, jugar y parrandear, todo por servir a su pueblo. Y no quiero significar que no es correcto practicar lo anterior, lo inadecuado es el exceso, al igual que casi todo. Pero los jóvenes que se preocupan por su sociedad es una ínfima parte, en comparación con los que prefieren hacer honor a las características del primer párrafo.

Sí, podría denominarle exhortación, o mejor un llamado de atención a los jóvenes dormidos por los laureles de su edad disfrutando la vida y preocupados únicamente por saber qué van a comer, qué ropa usarán hoy y adónde dormirán.

En San Miguel, un grupo de once desconocidos jóvenes están despertando, creando espacios para el debate, formación y unificación de ideas. En la primera reunión se abordaron preguntas como: ¿Qué esperan los jóvenes de los políticos? ¿Cómo ven los jóvenes la política y cuál es la importancia de la misma? ¿Por qué no se toma en cuenta a los jóvenes en la política?  Respecto de la primera pregunta se resaltó, enfatizó y ratificó que los jóvenes esperamos transparencia, honestidad y más transparencia. Aunado a ello, se esperan acciones claras y concretas encaminadas a beneficiar a la colectividad; y no menos importante es la conducta del político obedeciendo principios y valores. En lo tocante al segundo cuestionamiento, es pertinente indicar que los jóvenes están desanimados por el pan y circo que se vive a diario en nuestro país y lo que más se desea es una participación inclusiva de todos los sectores de la población, principalmente de los jóvenes con ideas frescas y no con las artimañas heredadas. En referencia a la última interrogante, se abordó el miedo de parte de los jóvenes y la exclusión de los adultos, siempre queriendo el monopolio de la política.

Es urgente asumir una participación activa y ser protagonistas en el encuentro político juvenil. Kofi Annan exclamó: “Nadie nace buen ciudadano; ninguna nación nace democrática. Ambos son procesos que continúan su evolución de por vida. Los jóvenes deben ser incluidos desde que nacen”.

Dijeron que la reunión era para comer pupusas, pero tanto el foro como las pupusas valieron la pena. Y tú, ¿Quieres unirte al equipo? No prometemos pupusas, pero sí nuevas amistades y una conversación amena, con el propósito de convertirla en acciones que cambien lenta pero eficazmente la calidad de vida de los valiosos salvadoreños.

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