Opinión

21 Ago 2015
Opinión | Por: Mario Hernández Villatoro

Los intocables funcionarios

Dentro de todas las conclusiones diplomáticas, sutiles y bien recibidas por los funcionarios, se desprende la única conclusión coloquial: sóquenla, ¿para qué se metieron a este rollo de ser funcionarios?

Aquí vengo a plasmar las conclusiones que no puedo detallar de forma directa en mi trabajo reciente de investigación. La total y única conclusión es: sóquenla, aguanten, o como quieran llamarle.

Los comentarios, cuestionamientos, críticas, burlas y memes son parte de la vida cotidiana de los ciudadanos, quienes explotan su creatividad para hacer viral su obra de arte o su chiste del momento. Esos ciudadanos patrióticos magnifican los deslices de los funcionarios y controlan cada paso que dan. Comprenden que ellos delegan a una persona para que administre los bienes del Estado. A ellos los felicito.

Por su parte, los medios de comunicación son prioritarios e indispensables para el funcionamiento de un Estado democrático de derecho, pues la garantía para que la democracia -y el pluralismo político- funcione de forma efectiva es el libre ejercicio de la expresión e información. Si el Estado controla a los medios de comunicación e impone subterfugios para publicar lo que les conviene y tapar bajo la alfombra las cuestiones que les afecta, no hay democracia. Simple.

Pero la libre expresión no significa que podamos proliferar comentarios, ofensas o insultos antojadizos y arbitrarios. Todo cuestionamiento debe estar enmarcado dentro del ejercicio de las funciones de un gobernante, sin extenderse a la intimidad o vida privada. Empero, algunos funcionarios ni siquiera soportan las críticas relacionadas con sus actividades públicas. Es allí donde tiran la primera piedra encaminada a construir un Estado autoritario. Si los ciudadanos somos simples espectadores y solamente observamos esa construcción, pronto se tendrá un muro que encierre a la libertad de expresión.

La intolerancia a las críticas de parte de los funcionarios ha permitido que los tribunales de justicia se pronuncien sobre este asunto llamado honor y libertad de expresión; honor de los funcionarios y libertad de expresión de los periodistas y de la sociedad en general.

Los tribunales que han suscrito connotadas sentencias son la Sala de lo Constitucional, la Corte Interamericana de Derechos Humanos y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. La Sala inicia con aquel fallo de inconstitucionalidad 91-2007, aduciendo que las personas que llegan a un cargo público se someten a un escrutinio público, y eso implica que los ciudadanos pueden válidamente criticar, cuestionar o burlarse abiertamente de la gestión de un funcionario. La sentencia de amparo 375-2011 reafirma el citado criterio y expone que la protección del honor de los funcionarios debe armonizarse con el ejercicio de las libertades de expresión e información, en razón de que si se establecieran restricciones arbitrarias al ejercicio de dichas libertades para proteger la reputación de los funcionarios, se podrían generar efectos perjudiciales como la autocensura.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos también ha suscrito fallos referentes al honor y libertad de expresión. La famosa sentencia del caso Herrera Ulloa vs. Costa Rica es la que marca el precedente al otorgarle una mayor protección a la libertad de expresión cuando el afectado es un funcionario. Este criterio se repite en diversas sentencias como la de Ricardo Canese vs. Paraguay, Kimel vs. Argentina, Tristán Donoso vs. Panamá, y viene en camino la sentencia del caso Radio Caracas Televisión vs. Venezuela.

Es evidente que la investigación de instituciones estatales, la labor periodística y la vigilancia y crítica ciudadana, han permitido destapar negocios sucios y empantanados de muchos funcionarios. El Salvador ha tenido pocos resultados trascendentales, pero a nuestro lado tenemos a un pueblo indignado y enojado por la supuesta corrupción de su presidente y miembros del gabinete de gobierno.

Entendamos que los funcionarios se encuentran sometidos a un Estado constitucional de derecho, en el que el poder soberano proviene del pueblo, y es el mismo soberano quien de forma directa o indirecta elige a los gobernantes, quienes están obligados a rendir cuentas de sus actuaciones. Por ende, deben tolerar todo tipo de críticas, cuestionamientos y burlas que reciban de los periodistas y de la opinión pública. Es compartida una frase que expuso el magistrado Rodolfo González: “los funcionarios o personas públicas no pueden tener la piel sensible”.

Dentro de todas las conclusiones diplomáticas, sutiles y bien recibidas por los funcionarios, se desprende la única conclusión coloquial: sóquenla, ¿para qué se metieron a este rollo de ser funcionarios?

12 Oct 2018
Herencia de San Romero al país y para el mundo
Opinión | Por: Gerardo Schönenberg Ávila

Herencia de San Romero al país y para el mundo

10 Oct 2018
Alfred Nobel
Opinión | Por: Verónica Ruiz

Alfred Nobel

3 Oct 2018
¿Qué hacemos por los niños?
Opinión | Por: Erick Hernández

¿Qué hacemos por los niños?

2 Oct 2018
Avanza salvadoreño
Opinión | Por: Caleb Padilla

Avanza salvadoreño