Opinión

24 Abr 2013
Opinión | Por: Jaime Ayala

Les guste o no les guste

El viejo dicho en que se nos resalta que lo importante de competir no es ganar sino participar, difícilmente se aplica en el ámbito político, y las pasadas elecciones en Venezuela fueron prueba de esto. Como es costumbre, un evento de tal magnitud atrajo interés internacional, e incluso muchos jóvenes de nuestro país alentaban a los venezolanos a acercarse a las urnas.

 

Por la noche, tras haber cerrado los centros de votación, el Consejo Nacional Electoral de Venezuela se dispuso a contar los votos para encontrar los resultados lo más pronto posible. Sin embargo, la demora fue más larga de lo esperado, pues era necesario llegar a conclusiones definitivas para emitir un veredicto. Las críticas comenzaron a sonar al argumentar que Henrique Capriles había resultado ganador y el gobierno buscaba no reconocer los resultados. Otros aseguraban que había existido un fraude y que el CNE estaba siendo parte de él al no brindar resultados de manera veloz.

 

En una democracia, las elecciones libres y transparentes juegan un papel vital en la consolidación de este sistema, por lo que sugerir un fraude electoral representaba una acusación muy seria. Como es costumbre en El Salvador, los argumentos no tenían fundamento y ninguno de sus autores podía demostrar con hechos lo que denunciaban. En el sistema judicial se es inocente hasta demostrar lo contrario, y no al revés.  De hecho, si nos ponemos quisquillosos, esa estrategia parecía una excusa en el caso que Capriles no resultara ganador. Hubiera sido muy curioso analizar la  reacción de quienes alegaban fraude si el mismo Henrique hubiera resultado electo.

 

Tras la muerte de Hugo Chávez, Nicolás Maduro aventajaba a Henrique Capriles en la lucha por la presidencia, y el uso de la imagen de Chávez solo acrecentaba más esa diferencia. Sin embargo, este mismo manejo excesivo, y a veces absurdo, provocó que la elección presidencial fuese un final de fotografía. Me atrevo a pensar que, si las elecciones hubiesen sido un mes después, el resultado pudiera haber cambiado.  

 

En fin, el CNE rompió con la espera y la tensión al anunciar que Nicolás Maduro se mantendría al mando de la presidencia en Venezuela. Los comentarios no se hicieron esperar y la gente se expresaba en las redes sociales comentando que había existido un fraude y que Henrique Capriles debía ser el ganador. Las mismas personas que por la mañana entusiasmaban a que los venezolanos decidieran, ahora se habían volcado completamente del lado del candidato perdedor.

 

Muchas fotografías de soldados quemando papeletas o de centros de votación supuestamente falsos empezaron a circular en internet. Nuevamente, las imágenes eran más que dudosas, comenzando por el hecho de que si se va a cometer un fraude, es ilógico pensar que un par de militares van a dejar fotografiarse mientras queman los votos. Horas más tarde, Capriles exigía una auditoría de las elecciones, lo cual es sumamente válido pues, dada la situación electoral, es necesario reclamar  un conteo exacto de los resultados. Muchas teorías de fraude buscan protagonismo, pero ninguna ha logrado despegarse de intereses partidarios.

 

Si bien el caso de Venezuela tiene mucha relevancia internacional, también posee una importancia en materia política. Democracia no significa que gane aquel que más le parece a unos cuantos, o el que posee un mejor currículum, sino el que efectivamente obtuvo una mayoría de votos. Es el sistema que tanto nos vanagloriamos en apoyar, pero cuando los resultados no nos favorecen, sacamos a relucir excusas de fraude. El problema de baja legitimidad es solo un efecto colateral.

 

Nadie dijo que fuera un sistema perfecto, pues si Capriles era el indicado o no es un debate muy diferente.  Quiero pensar que si Maduro hubiese perdido, todos estarían apoyando una auditoría de votos o cuestionando la victoria con un margen tan mínimo, ¿o no?  Por el momento, Venezuela nos ahorró esa respuesta y ha elegido su presidente a menos que se demuestre lo contrario;  o al menos el 50.66% de ellos así lo quiso, y como dicen por ahí, les guste o no les guste.

 

 

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