Opinión

18 Abr 2014
Opinión | Por: Herbert Escoto

Las personas grandes nunca comprenden nada

El pasado 6 de abril, se cumplieron 71 años de haber sido publicada la legendaria novela Le Petit Prince, de Antoine de Saint-Exupéry. Han pasado siete décadas desde aquel 6 de abril de 1943, en el cual la editorial Reynal & Hitchcock dio a conocer esta obra y la grandiosa historia del Principito viajero sigue siendo una inspiración.

No recuerdo la fecha en la cual leí por primera vez este libro, pero recuerdo la fuerte impresión que este texto causó en mí. A medida que el principito viajaba en cada planeta, aprendía una lección y no paraba de asombrarme por las ocurrencias del autor. El rey absoluto fue uno de mis favoritos. Un monarca acomplejado por su autoridad pero decidido a exigir que su poder fuera respetado. Sin duda, el principito le trajo felicidad ya que por primera vez el rey tenía un súbdito, al menos por un momento. “¿Puedo sentarme? –preguntó tímidamente el principito. Te ordeno sentarte –respondió el rey”. Fue en esta parte del libro donde noté que el autor insistía en ridiculizar el ansia de poder que el humano tiene.

¡Y cómo olvidar al bebedor del tercer planeta! Aquel que bebía para olvidar la vergüenza de beber. La racionalidad del principito deslumbraba y su crítica a los adultos crecía cada vez más. Entonces, noté que Antoine de Saint Exupéry tenía una misión: dejar en evidencia las irracionalidades en las que frecuentemente caemos.

El hombre de negocios del cuarto planeta fue una visita impactante. Aquel administrador ocupado, sin tiempo para cosas que a su parecer son irrelevantes, pero que desde el punto de vista del principito eran las más importantes. El administrador que pensó tener todo, pero que en realidad no tenía nada. ¿A cuántos hombres de negocios criticaba Antoine?

El mensaje queda claro a medida que pasan las páginas, las múltiples lecturas del libro ayudan a descubrir nuevas perspectivas de la novela. ¡El farolero! Por primera vez el principito conoce a alguien que vale la pena. De forma extraña se asombra por la ocupación del farolero, la considera “linda” y “útil”, a lo cual añade: “es verdaderamente útil porque es linda”. ¿Por qué nos hace sentir mal El Principito? Nos habla con la verdad. Con voz de niño nos dice que olvidamos lo esencial y nos enajenamos a lo pasajero.

Ahora entiendo por qué este libro es y será una huella gigante en la historia… por las lecciones del zorro. En los párrafos que presentan la conversación entre el principito y el zorro, se encuentran las míticas frases como “lo esencial es invisible a los ojos” y una que a mi parecer en la versión en inglés del libro está mejor lograda “words are the source of misunderstandings” (las palabras son la fuente de los malos entendidos).

Desde luego que para los salvadoreños este libro se vuelve importante, ya que nos encanta alardear que la esposa de Antoine de Saint-Exupéry fue la escritora y artista salvadoreña Consuelo Suncín.  Nos pavoneamos de esto y con mucha razón nos hace sentirnos parte de esta gran obra francesa que es un regalo para la humanidad. Sin duda de que los salvadoreños estamos en todos lados. Tanto así que pensamos que la famosa flor de la que habla el libro podría ser la representación de Consuelo Suncín.

Esta obra es para todos: niños y adultos. Su comprensión es fácil y su mensaje es profundo. Para comprender la verdadera intención del autor es necesario sentirse representado, al menos en parte, por cada uno de sus personajes. Es casi imposible no sentirlo con los relatos de cada habitante de los planetas.

Finalmente, espero que sean más décadas, de las setenta que ya han pasado, de buenas impresiones que este libro extiende a las personas. El Principito es un mensaje de reflexión y el siguiente extracto del libro lo demuestra: “…las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas y es cansado para los niños tener que darles siempre y siempre explicaciones”. 

 

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  • Fernando José Roca

    Cabal, nos pavoneamos de la Consuelo Suncín y a lo mejor ni saben en que ciudad nació. Lo felecito, muy buen artículo.-

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