Opinión

17 Abr 2014
Opinión | Por: Jaime Ayala

Las pensiones: ¿otro tabú?

Durante los últimos meses se ha escuchado mucho que el país necesita un acuerdo nacional y una posterior reforma en el tema de pensiones. Realmente, a nivel técnico, se le expresa poco a la población, pues –como casi siempre- el tema se politiza y se convierte en una guerra ideológica entre lo privado y lo social.

Lo cierto es que el tema de pensiones debe interesarnos de especial manera a los jóvenes, pues muchos nos encontramos a las puertas de oportunidades laborales o ya hemos tenido nuestra primera experiencia. ¿Podemos o no confiar en que tendremos una buena pensión en el futuro?

Para esclarecer un poco el tema, es necesario que sepamos de dónde se origina la famosa deuda (que equivale aproximadamente al 12 por ciento del PIB salvadoreño) de las pensiones.  Para simplificar el sistema, imaginemos que tenemos un salario de mil dólares. De este monto, se cotiza el 10 por ciento y, cuando nos jubilemos, el gobierno nos dará ese mismo monto (es decir, 100 dólares) más lo obtenido por una tasa de mercado por inversiones. La idea es que el monto que usted genera en- digamos- 1980, sirva para pagar la pensión de alguien más que se jubiló en 1979. Si usted se jubilara en 1981, lo que alguien cotizó en 1980 serviría para su pensión, y así sucesivamente. 

Para complejizar el modelo, agreguemos que las personas que se encuentran  trabajando- las cuales cotizan- se jubilarán en la misma edad. El sistema funciona (al menos en la imaginación económica) siempre y cuando las mismas personas coticen y se jubilen en proporciones similares. Sin embargo, llega un momento en que todo falla. De repente, cuestiones como el desempleo, inflación y poco retorno de los fondos de pensiones comienzan a desestabilizar la lógica financiera.

Llega un punto en que un salario de mil dólares con cotización del 10 por ciento no es suficiente para garantizar la promesa del gobierno a toda una generación jubilada. Es cuando surge la opción que nos interesa: la deuda. En aquel entonces, el gobierno salvadoreño comenzó a colocar bonos y experimentar con diversos fondos para poder cumplir con la promesa de las generaciones jubiladas.

Para solventar (o más bien frenar) este problema, el gobierno cambió de esquema y estableció un sistema de capitalización individual en el cual cada trabajador cotiza con un fondo de pensiones y este lo invierte para generar retornos. El problema es que esta rentabilidad es muy baja- o al menos insuficiente-. Se les ha obligado a invertir en bonos gubernamentales o poseen restricciones para ampliar su cartera de inversiones en la bolsa de valores u otros proyectos privados.

Esto último no fue dispuesto por cuestiones necesariamente ideológicas, sino como una manera de fiscalizar las inversiones y reducir una falla de mercado conocida por los economistas como riesgo moral. Sin embargo, valdría la pena que dichas restricciones sean revisadas nuevamente. Si bien pudiera suceder que el gobierno pierda una fuente de financiamiento, también es necesario que encuentre y brinde mayores alternativas a los fondos de pensiones.

Para terminar la historia, lo generado por este nuevo sistema está sirviendo, también, para financiar las pensiones del sistema de reparto, problema que podrá ser resuelto hasta que la última persona cotizante del viejo sistema de reparto fallezca. Mientras tanto, los intereses de la deuda y esta misma siguen incrementándose, sin que se generen soluciones concretas al problema.

De aquí nace la famosa “reforma de pensiones”, la cual puede integrarse de maneras distintas. Pudiera proponerse ampliar la base de cotizantes (atraer la economía informal, por ejemplo) o aumentar el porcentaje de aportación del patrono o cotizante, pero esto aumentaría los costos administrativos de contratación en las empresas. También se puede plantear una liberalización en las carteras de inversiones en los fondos de pensiones, pero es altamente probable que el gobierno pierda una fuente de financiamiento.

Estas y otras soluciones pueden presentarse, cada una con sus ventajas y desventajas. Lo importante es que nos informemos y empecemos a exigir que el tema sea debatido a nivel presidencial y legislativo. Por el momento, y lastimosamente, las pensiones siguen siendo un tabú muy politizado. 

 

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