Opinión

1 Jun 2017
Opinión | Por: Eduardo Rosales

Las olvidadas de la Historia

“En política, si quieres que se diga algo, pídeselo a un hombre. Si quieres que se haga algo, pídeselo a una mujer.”

Margareth Thatcher

Desde el inicio de los tiempos, la mujer ha sido confinada a vivir bajo la sombra de un hombre, por lo general su pareja. Se decía que ella es débil, incapaz de realizar trabajos pesados, sin capacidad de raciocinio. Propiedad de un hombre, del padre a temprana edad y del marido al unirse en matrimonio.

El devenir histórico, ha reflejado a la mujer como invisible, limitada a su rol hogareño, pero al igual que el hombre asume un papel cultural en la sociedad. Las mujeres han estado de manera inconsciente fuera de la historia, desde el ámbito científico hasta el político. Sin embargo, el siglo XXI dio paso a una generación liberal y dinámica, que ha contribuido al empoderamiento de la mujer y ha tocado el corazón conservador del machismo. Actualmente, no tenemos a una mujer sedentaria o pasiva que asume un rol hogareño, sino que nos enfrentamos a una sociedad que ha intercambiado roles. Vemos a mujeres  jefes del hogar y  que aportan económicamente a su familia.

Pero, ¿Qué es ser mujer? ¿Qué implica serlo en una sociedad machista? A mi punto de vista, considero que es ser capaz de transformar su entorno, de ser líder y de amar al mismo tiempo. Una mujer es multifuncional, es madre y padre a la vez; y pese a que estas desean las mismas cosas que el hombre, hay algo que les diferencia.

Podemos enumerar cientos de virtudes que las representan a la perfección, todo lo que son y lo que no son, y es precisamente lo que las hace más humanas que nunca. Aquellas palabras de aliento que les inspira y las motiva a ser quiénes son, y tener confianza en sí mismas; pero, siempre existirá una virtud que las diferencie del resto.

Para complementar mi columna les comparto una entrevista a la Decana de la Facultad de Ciencias Económicas de la ESEN, Carmen Lazo.

¿Cómo ha sido su experiencia en el ámbito académico y laboral ante una sociedad machista?

En el colegio nunca tuvimos conversaciones profundas de que seríamos en el futuro, nadie se ponía metas inalcanzables; yo siempre tuve el apoyo de mi padre, él me asesoró en mis estudios. Con el tiempo, fui conociendo mujeres profesionales en las cuales nos hemos apoyado mutuamente; ahora he llegado al tema del empoderamiento de la mujer por cuestiones de la vida, pero no porque me lo inculcasen desde pequeña. Uno de mujer siempre tiene inseguridades, el tener una palabra de apoyo de alguien cercano es fundamental para lanzarse y dar el siguiente paso.

¿Cómo era el rol de la mujer en el siglo xx vs la mujer del Siglo XXI?

La mujer del siglo pasado logró muchas cosas. Fue un siglo de transición para la mujer, en donde se abrió paso para la participación política y las mujeres que entraron al mercado laboral de manera masiva. Aún, en nuestro siglo, se visualiza a una mujer conservadora que obedece a los estereotipos machistas del siglo pasado. La mujer del Siglo XX fueron luchadoras que lograron abrirse espacio en todos los ámbitos. Mientras que, la del siglo XXI aún con opciones de vida limitadas, creemos que el cielo es el límite.

Desde su perspectiva, ¿Quién es la mujer salvadoreña?

Somos mujeres resilientes, ya que hemos visto de todo: guerras, hasta desastres naturales. Somos luchadoras, asumimos más cargos que los hombres. Me siento orgullosa de serlo, debemos trabajar en empoderar a la mujer para que ellas sigan siendo el pilar de las familias salvadoreñas”.

¿Qué necesita la mujer del Siglo XXXI para desarrollar plenamente sus capacidades?

La mujer necesita acceso a oportunidades, necesita acceso a la educación a adquirir conocimientos y un mercado laboral que nos las discrimine. Necesita instituciones que refuercen la autoestima en las mujeres y así fomentar la confianza en sí mismas, ya que este es el principal determinantes para abrirse paso. La mujer del siglo XXI necesita lo mismo que la del siglo XX, igualdad de oportunidades.

A mi criterio, el ser mujer va más allá de la apariencia, de cómo hablen y cómo se mueven. Se trata de algo más que el maquillaje y la forma en la que se visten. Ser mujer es algo que las hace únicas. Han luchado por sus derechos para poder ser notadas y tratadas como iguales. Es su deber el esforzarse por sobresalir y ser capaces de transformar el entorno. Todo un siglo de lucha en busca de tener voz y voto les ha permitido ser más fuertes, más conscientes y más sabias. Y es así como deben de continuar siendo ahora.

 

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