Opinión

24 Oct 2016
Opinión | Por: Gerardo Schönenberg Ávila

La Vida

Observando la realidad política y social, que en vez de respetar la vida desde la concepción hasta la muerte natural la queremos eliminar en diferentes circunstancias, quiero dedicar este artículo al don más bello que Dios nos ha dado a buenos y malos: LA VIDA.

La vida nace en el seno del amor: un hombre y una mujer que se aman colaboran con Dios para dar a un hombre el mayor regalo: la vida, el paso de la nada al ser. ¡Qué noble ha de ser la vida humana si Dios nos da este don, en colaboración con tus papás!

El precepto moral del “no matarás” tiene un sentido negativo inmediato: indica el límite, que nunca puede ser transgredido por nadie, dado el carácter inviolable del derecho a la vida, bien primero de toda persona. Pero tiene también un sentido positivo implícito: expresa la actitud de verdadero respeto a la vida, ayudando a promoverla y haciendo que progrese por el camino de aquel amor que la acoge y debe acompañarla.

El problema nace a la hora de considerar la vida de los demás frente a los propios intereses. Así, por ejemplo, se prefiere recurrir al aborto antes que a la promoción de un recto uso de la sexualidad; se prefiere recurrir a la eutanasia antes que a un interés eficaz por los ancianos y los marginados; se prefiere recurrir a grandes campañas contra la natalidad en el tercer mundo antes que a planes eficaces de desarrollo y colaboración económica; se prefiere el uso de la guerra y el terrorismo al diálogo y la confrontación democrática, y en general, la vida humana viene supeditada a otros intereses que tienen mucho menos valor. Por eso, no debes medir el valor del hombre desde un punto de vista industrial o comercial, como se hace hoy día. Así la persona humana es cotizada por su eficacia, y se considera al hombre más por el tener que por el ser; es lo que se llama como concepción materialista de la vida: vales por lo que produces, tienes y no por lo que eres.

Pienso que aquellas naciones que destruyen la vida legalizando el aborto son las más pobres, porque temen alimentar a un niño más y, por eso, agregan un asesinato más a este mundo; estoy convencido de que los gritos de los niños cuyas vidas han sido truncadas antes de su nacimiento, hieren los oídos de Dios. El aborto mata la paz del mundo, porque si una madre es capaz de destruir a su propio hijo, ¿qué me impide matarte? ¿Qué te impide matarme? La vida de cada ser humano ha sido creación de Dios, es sagrada y de infinito valor porque Él nos ha creado a todos nosotros, incluso al niño recién concebido. La imagen de Dios está en ese niño que aún no ha nacido. El aborto es un homicidio en el vientre de la madre. Una criatura es un regalo de Dios.

El aborto al igual que la violación son atentados a los derechos humanos de las mujeres, ya que ambos se fundan en el control de la sexualidad y libertad, afectando la integridad y dignidad de las mujeres.

Me gustaría terminar dicho artículo con unas frases de Madre Teresa de Calcuta que me encantan: “Si no quieren a los niños, dénmelos a mí”. “La falta de amor es la mayor pobreza”. “Nunca prives a nadie de la esperanza, puede ser lo único que una persona posea”. “Los niños son como las estrellas. Nunca hay demasiados”. “No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor”. La vida es un don maravilloso de Dios y ayudar a los pobres, material y espiritualmente, más que un deber es un privilegio; porque Jesús, Dios hecho hombre, nos ha asegurado: “Cuanto hagan a uno de estos pequeños, es a mí a quien lo hacen”.

 

 

 

 

 

 

 

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