Opinión

5 May 2016
Opinión | Por: Óscar Melgar

La sociedad civil organizada como motor de Desarrollo

La sociedad civil organizada es un de las herramientas que considero podrían aportar a El Salvador un avance hacia la construcción de acuerdos reales y concretos, para impulsar económica y socialmente al país.

En la historia reciente de El Salvador podemos identificar diversos casos en los cuales la sociedad civil ha sido el mecanismo impulsor de diversos proyectos de desarrollo. Asimismo, encontramos casos a través de los cuales la sociedad civil ha sido defensora en el proceso de impulsar proyectos que ponen en condiciones de vulnerabilidad socio-económica a las características de una población.

Tratar de definir la sociedad civil organizada bajo un solo concepto sería limitar y encoger la dinámica real de una sociedad. Sin embargo, podemos mencionar algunas características que la sociedad civil puede desarrollar. En primer lugar, está integrada por un grupo de personas que buscan conseguir un objetivo y/o comparten un interés común. En su estructura de organización pueden participar personas provenientes de diversos rubros o sectores. Estas organizaciones pueden ser de origen privado y determinar su propia forma de gobierno; así como sus fines y objetivos son lícitos y pueden ser o no lucrativas.

En El Salvador la sociedad civil organizada puede presentarse como un motor de desarrollo que acompañe los esfuerzos de las distintas instituciones gubernamentales en favor de las poblaciones o sectores menos favorecidos. Igualmente, puede convertirse en un protagonista indispensable para mantener bajo control y con transparencia la utilización de fondos públicos en distintas instituciones. Además, puede ser impulsora de procesos de desarrollo propio a través de diversas estrategias. Y por último, una sociedad civil organizada es un mecanismo para aumentar los niveles de democratización, integración y participación en el proceso de creación de políticas públicas, llevando un beneficio más amplio a nivel nacional.

Aunque en El Salvador la importancia de una sociedad civil organizada ha sido poco estudiada y sus efectos parecen ser parciales, es necesario que las entidades gubernamentales empiecen a desarrollar los mecanismos de participación necesarios para impulsar el trabajo de la sociedad civil y apreciarla no como un factor amenazante, al contrario, como un protagonista más en la dinámica social capaz de contribuir a los esfuerzos de país. Así también la sociedad civil debe exigir que la institución gubernamental proporcione los espacios y los mecanismos necesarios para la participación de la sociedad civil en diversos ámbitos.

En México por ejemplo se cuenta con una Ley Federal de Fomento a las Actividades realizadas por Organizaciones de la Sociedad Civil, en la cual se establecen los derechos y las obligaciones de las organizaciones de la sociedad civil además de exponer las bases sobre las cuales la Administración Pública deberá fomentar las actividades de la misma. Ley que se presenta como un gran avance y como reconocimiento a la labor de la sociedad civil dentro de este país en particular.

En El Salvador, el sector político ha dado muestras claras de los pocos acuerdos y mecanismos que permitan sacar al país de la situación tan deplorable en la que se encuentra. Hemos sido testigos, elección tras elección, de promesas de campañas convertidas en falsos compromisos y altos niveles de corrupción e impunidad. Motivo por el cual la sociedad civil debe aumentar su participación en la construcción de acuerdos y no limitarse a exigir cambios desde las redes sociales. Mientras tengamos una sociedad civil dormida y poco exigente, los políticos seguirán haciendo de los mismos males y nosotros seguiremos en una situación sin transformaciones positivas para todos.

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