Opinión

22 Sep 2014
Opinión | Por: Jacqueline Martínez

La salud de un pueblo en manos irresponsables

Una crisis en el Hospital Rosales ha representado al menos 3 mil consultas y 127 cirugías suspendidas.

“Juro por Apolo Médico… estableceré el régimen de los enfermos de la manera que les sea más provechosa según mis facultades y a mi entender, evitando todo mal y toda injusticia… iré por el beneficio de los enfermos”. Así reza parte del juramento hipocrático que hacen públicamente todos aquellos que se gradúan de alguna rama de medicina. Pero en pleno siglo XXI parece que a los galenos se les olvida que deben cumplirlo.

Una crisis en el Hospital Rosales ha representado al menos 3 mil consultas y 127 cirugías suspendidas, luego de un paro laboral por parte del sindicato de médicos, que inició el pasado martes 9 de septiembre y se reúsan a la implementación del control de asistencia con un marcador biométrico.

Los afectados con esta huelga del sector de salud pública son, en su mayoría, adultos mayores, quienes por un determinado padecimiento madrugan para ser revisados por sus médicos. Lastimosamente, se encuentran con la noticia que no serán atendidos simplemente por desacuerdos entre los doctores y el director del nosocomio. ¿Qué culpa tiene el pueblo que ellos no se pongan de acuerdo?

La situación real de las carencias que poseen los hospitales en nuestro país la conocen a ciencia cierta quienes laboran en ellos. Aquello que les beneficia o no también solo lo saben los mismos médicos. El pueblo entiende que como en cualquier empresa u organización haya descontentos; pero esto no les da derecho de jugar con la salud de los salvadoreños.

Pareciera ser poco importante el bienestar de aquellos que, por falta de recursos económicos, acuden a los hospitales de la red nacional con el fin de poder (a pesar del tiempo extenso para citas y exámenes) combatir o erradicar alguna enfermedad que les aqueja. En nuestro país estamos acostumbrados a que los sindicalistas hagan lo que quieran y decidan tomar acciones como medidas de protesta, que más que afectar a la jefatura con la que desean negociar, afecta a terceros que nada tienen que ver con sus problemas laborales.

Estoy muy de acuerdo con eso de defender los derechos de los trabajadores pero sin pasar por encima de los demás. Maneras diversas y pacíficas para manifestarse existen, sin embargo, vivimos en un país con poca cultura en donde lo que afecta al prójimo poco nos interesa. Pensamos únicamente en nuestro propio bienestar.

A pesar de ver las afectaciones que este tipo de huelgas causan, las autoridades en lugar de trabajar por llegar a un acuerdo que permita acabar con la problemática se dan el lujo de posponer reuniones, se niegan a las negociaciones o simplemente amenazan con llevar la situación a términos legales, denunciando o despidiendo. Esto en el futuro sigue acarreándoles la misma situación.

Parar labores en un hospital (sobre todo público) hasta diez días representa una amenaza a la salud de un pueblo. Preguntémonos, ¿cuántos cuadros de enfermedades crónicas empeorarán por no haber sido atendidos a tiempo? ¿Cuántos morirán por insuficiencia renal por no haber recibido un trasplante o una diálisis? Estamos acostumbrados a ver morir a nuestros hermanos, cuando el evitarlo está en nuestras manos.

Ojala que en lo que resta del año esta sea la última huelga de médicos de la que tengamos noticia. Esperemos también que todas esas personas que perdieron sus citas y operaciones puedan obtenerlas a la mayor brevedad posible. Es tiempo de que se haga conciencia y que nuestros doctores recuerden que la salud de todo un país es su responsabilidad.

 

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