Opinión

1 Mar 2017
Opinión | Por: Karen Vargas

La posibilidad de entender el mundo

Desde pequeños nos enseñan el mundo, pero más allá de enseñarlo nos dicen de una vez cómo funciona y cómo debería funcionar. No se nos enseña que debemos recorrerlo para descubrir los problemas que hay en él y lo maravilloso que puede ser apreciar las características, esas que hacen a cada uno diferente.

Nuestras enseñanzas desde el inicio se limitan a estar rodeados de cuatro paredes y pensamientos anticipados; así como, se limitan una misma manera de pensar y de hacer las cosas porque los nuevos métodos, aparentemente, no son seguros. Crecemos con la idea de que permanecer de la misma manera es sinónimo de prosperidad, es decir, nos crían para ser estables, para hacer las cosas bien y quedarnos en un lugar por mucho tiempo. La estabilidad es sinónimo de éxito, según nos enseñaron.

Además, el sistema en el que se nos enseña no da lugar a experiencias propias que generen un juicio crítico sobre los lugares y problemas que se enfrenten y solo te permite conocerlos o aprenderlos, pero difícilmente modificarlos.

La idea de que debemos cambiar el mundo la hemos escuchado desde pequeños, sin estar muy seguros de lo que en realidad sucede a nuestro alrededor, suponemos que el mundo no está bien para que todos hablen de transformarlo. Sin embargo, nadie nos dice que para hacer esto primero debemos conocerlo,  entenderlo y luego, pensar en transformarlo. No estoy muy segura cómo lograr romper poco a poco con ese paradigma, pero de lo que sí estoy segura es que un viaje lo puede lograr por completo.

Este viaje debe hacerse con mente abierta a nuevas culturas, nuevas formas de ver las cosas y nuevas visiones de mundo, que siempre estará lleno de ansiedad y el temor a lo desconocido. Y aunque las historias de viajeros siempre describen expectativas del país antes de arribar en él, esta vez sería diferente porque el país está esperando esa llegada y ha ajustado sus pequeños mundos para que se acoplen con el que está a punto de llegar.

Este viaje inicia cada vez que decidimos abandonar lo conocido, lo impuesto y lo ya aprendido para comenzar a vivir las experiencias de primera mano y comprobar si las historias e ideas que nos enseñaron tienen validez, o no. Es decir, no se necesita empezar tan lejos para tener la posibilidad de construir el mundo a nuestra manera, sin pensamientos ajenos, ni ideologías falsas.

Una sociedad que quiere ser relevante necesita aprender a dejar la zona que conoce y aprender nuevas formas de hacer las cosas que nos pueden llevar a destinos diferentes, necesita dejar a un lado los prejuicios y necesita darse la oportunidad de crecer.

Cada viaje implica creer en una oportunidad nueva para el lugar que visitamos, de aprender su verdadera realidad y la oportunidad para el viajero de querer impactarla.

Después de cada viaje solo quedan dos decisiones. Esa que implica querer hacer las cosas diferentes, para que otros también descubran el mundo que les está esperando o aquella que se basa en no molestarse y nunca volver a dejar su zona segura.

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