Opinión

24 Oct 2013
Opinión | Por: Juan Martínez

La política es una prioridad

En honor al día del niño, Mediolleno publicó una imagen que decía “POLÍTICOS EN POTENCIA ¡FELIZ DÍA DEL NIÑO!”. Ante lo que algún lector comentó que el país se beneficia más de ingenieros, médicos e investigadores. Mientras no puedo negar que esto es cierto, creo que de hecho la política, o más bien las instituciones, deben recibir tanta atención como los otros temas de nación, tales como la seguridad y la salud. La razón es bien sencilla, si quienes deciden acerca de estos temas no están haciendo su trabajo como deben, ni siquiera podemos ponernos a pensar en soluciones.

Mientras este artículo se va a edición, el gobierno de la nación más poderosa del mundo se encuentra parcialmente paralizado, al borde de hacer default con la posibilidad de auto-infligirse un shock de austeridad fiscal del orden del 4% del PIB, magnitud similar a la que sufrió durante la Gran Recesión del 2008. Esto no sucederá por falta de capacidad de pago, los mercados financieros no han dudado ni un segundo de la capacidad de pago de los Estados Unidos. Cuando la calificación de los Bonos del Tesoro fue degradada desde AAA en el 2011, los mercados financieros continuaron aceptando tasas de interés históricamente bajas por los bonos dichos títulos.

Lo que sucede en su gobierno no es más que el juego político llevado hasta los niveles más peligrosos. Año con año, el Congreso de los Estados Unidos debe aprobar el presupuesto de la nación, y la fecha límite es el último día del año fiscal. El problema es el siguiente: el Congreso está conformado por 535 miembros en dos cámaras: el Senado y la Casa de Representantes. Las iniciativas de ley (actas o “bills”) son creadas en la Casa de Representantes, y deben ser aprobadas por ambas cámaras y el presidente.El Senado está dominado por los Demócratas (partido del presidente Obama), y la Casa está controlada por una mayoría de Republicanos. Estos últimos se oponen fuertemente a la reforma al seguro público de salud (también llamada Obamacare), en parte porque lo consideran fiscalmente irresponsable y también por representar una histórica victoria para el partido Demócrata.

Los Republicanos se niegan a apoyar un presupuesto que no contenga restricciones para Obamacare, incluso si la falta de un acuerdo lleva a un “apagón” gubernamental e incluso a no incrementar a tiempo (antes del 17 de octubre) el techo del endeudamiento. Los Demócratas ven esto como un chantaje y no piensar negociar bajo esos términos. De esta forma, cientos de miles de trabajadores gubernamentales han tenido que quedarse en casa sin derecho a pago (incluyendo al robot Curiosity, que descubrió abundante agua en Marte hace unos días), monumentos nacionales han sido cerrados, y la comunidad internacional mira con recelo a los Estados Unidos, mientras el juego político arriesga llevar a la economía mundial al borde de otra recesión.

Todo esto me recuerda a la reciente pelea en la Asamblea Legislativa de El Salvador por el control de la Sala de lo Constitucional, el intento de inutilizar al IAIP, entre otros incidentes. De nada sirve un cuerpo con mucho músculo y un esqueleto fuerte, si el cerebro le indica que debe saltar de un barranco. Esto es cierto para los Estados Unidos y para El Salvador. No puede conseguirse ningún avance en materia educativa, seguridad, salud, ni otras tantas áreas prioritarias, si no terminamos con la pipizigaña política que está causando nuestra disfuncionalidad institucional. El Salvador es incapaz de crecer con todo su potencial sin primero superar su grave problema de inmadurez política.

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