Opinión

7 Jun 2016
Opinión | Por: Carlos Segura

La política debe unir, no dividir.  

 

Anoche conversaba con unos amigos sobre la posibilidad de incursionar en la política, cada uno en su país, y decíamos que muchos lo hemos pensado, pero nos hemos quedado en el camino al ver tantas cosas negativas en muchos países. Meterse en política requiere valor, audacia y perseverancia, sobre todo en medio de tantos escándalos de corrupción, falta de transparencia, discursos de odio, insultos, vulgaridades y faltas de respeto de parte de tantos políticos alrededor del mundo.  

Quiero compartir con ustedes mi visión de la cosa: la política como instrumento de unión, de trabajo conjunto para construir algo bueno, y no como una manera de pelear, de faltarse el respeto y de sacar un provecho personal gracias a los fondos públicos y el dinero del pueblo.

Estudié Ciencias Políticas entre 2003 y 2008. Me interesé en aprender sobre modelos políticos, económicos y jurídicos de varios países, y me di cuenta que cuando los políticos dividen al pueblo, pelean, crean situaciones de confrontación y odio, las cosas no funcionan. Al contrario, cuando hay políticas de unión nacional, consenso y trabajo conjunto entre las diferentes fuerzas políticas de un país, las cosas mejoran. Déjenme darles algunos ejemplos.

Francia, después de la Segunda Guerra Mundial, completamente devastada por los nazis y con un pueblo sufrido, se unió bajo la tutela del General Charles de Gaulle, quien fungió como líder de la Resistencia y luego como Presidente de la República desde 1958 hasta 1969. El país logró recuperarse de la destrucción masiva del conflicto, tomó en cuenta a las diferentes fuerzas políticas, y conoció 30 años de crecimiento económico.

Chile, en los años que siguieron la terrible dictadura que mantuvo el país en una situación de terror, gracias a líderes que buscaron la unión nacional y la concertación, dejando atrás el autoritarismo y un sistema dictatorial. Esto permitió a nuestros amigos chilenos tener varias décadas de crecimiento económico, bienestar social, y una democracia saludable, en la cual se respeta la libertad de expresión y todas las demás libertades fundamentales, y en donde la alternancia política es de lo más normal.

En cambio, ahora en 2016, vemos una situación en la que decenas de políticos mantienen un discurso violento, de confrontación, para dividir y crear odio y morbo entre los pueblos. Que lamentable es escuchar a altos funcionarios o a candidatos defender deportaciones masivas de gente trabajadora, defender la idea de construir muros en las fronteras, mantener discursos que oprimen y discriminan a minorías solo por el hecho de ser diferentes,  o decirle a otro funcionario, que se atrevió a criticarlo, que se meta algo por donde le quepa. Más triste no puede ser.

Para mí, la política es servicio. En su obra “Política”, Aristóteles la define como “la actividad humana tendente a gobernar o dirigir la acción del estado en beneficio de la sociedad”. Repito, BENEFICIO DE LA SOCIEDAD, no de unos cuantos. ¿Cómo va a beneficiar a la sociedad un discurso de odio y de división? Imposible. No se puede mejorar las cosas con una actitud de odio, ya que ésta solo puede traer cosas negativas a un pueblo. Se necesita de una verdadera voluntad de unión nacional para sacar adelante a un país. En eso consiste la democracia: aceptar que el otro es diferente, no piensa como nosotros, y trabajar en conjunto, tomando en cuenta esas diferencias, por el bien del país.

La autora británica Evelyn Beatrice Hall, resume esta necesidad de concertación: “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”, como ilustración del pensamiento Voltaire. ¡No podría haberlo dicho mejor!

El Papa Francisco, en una conferencia de prensa durante un reciente viaje, dijo: “Una persona que piensa en construir muros y no en construir puentes, no es cristiano”. Mi objetivo ahora no es convertirlo, amigo lector, al cristianismo, pero póngale coco a estas sabias palabras de un hombre que busca unir y no dividir. Así debería ser la política.

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