Opinión

8 Ago 2017
Opinión | Por: Mateo Villaherrera

La juventud es la esperanza del futuro

En artículos anteriores he tenido oportunidad de hablar brevemente sobre el papel que la juventud está asumiendo en la reconstrucción del país. Pero ahora, es momento de discutir sobre esos significativos esfuerzos que se realizan constantemente para resolver sustancial y preventivamente los problemas.

Para los jóvenes no es nada fácil tratar de asumir las riendas de un país que se destruye continuamente a causa de muchos sucesos que, hasta el día de ahora, siguen ocasionando daño e indiferencia en la sociedad. La razón que nos motiva a tomar cartas en el asunto es que hemos entendido muy bien que para vivir en una mejor sociedad hay que trabajar en equipo.

Es imperdonable ser joven y vivir sin sentido, sin propósitos comunes, sin esperanzas, sin retos y anhelos. Se trata de pensar más en dar, que en recibir, y para eso se necesita tiempo, esfuerzo y coraje. A este minuto del partido, estamos dispuestos a contraer el compromiso e ir más allá de lo establecido, no solo intentando sobrepasar las barreras, sino también eliminándolas, para que las generaciones subsiguientes puedan continuar con lo que se ha comenzado.

En esta palestra se tiene claro que no se puede vivir en espera de soluciones. Estas se forjan en el camino, y como dice la famosa locución utilizada por algunas organizaciones de la sociedad civil: “los cambios no se esperan, se provocan”. Para provocarlos es indispensable garantizar la participación de todos, la apertura al diálogo, la organización y la cooperación multisectorial. Construir un futuro sostenible es posible cuando se obra por convicción.

Los retos que enfrenta esta propuesta descansan en muchos ámbitos, desde el sistema educativo, hasta el económico y político. Ningún sistema está preparado para ceder protagonismo y oportunidades. Es sumamente normal que en nuestra sociedad los actores políticos de antaño no estén dispuestos a ser relevados por gente joven. Algunos ya protagonizaron escenas comprometedoras al subestimar y estigmatizar públicamente a la juventud.

La clase política debe prepararse para la incorporación de la juventud al quehacer político. No para la expulsión de sus miembros cuando existan discrepancias, tampoco para la imposición de directrices que atenten contra la integridad. Esta “incorporación” debe entenderse como un proceso de inclusión donde la diversidad prevalezca, donde todos reciban una verdadera oportunidad de participar en cada proceso democrático. Abrir los espacios para escuchar, analizar e incluir las ideas de aquellos que no conforman ningún partido es una de las mayores demandas en la actualidad.

Permitir la incidencia es bueno porque se cuenta con la capacidad suficiente para que la juventud sea constructora de las nuevas decisiones políticas, que tanto anhelan los salvadoreños. Los partidos que no entiendan lo anterior se verán afectados próximamente. Porque tarde o temprano los “votos duros” se acabarán, y su cuerpo electoral se verá reducido en el marco de una actividad política envuelta en corrupción, amaños y poca transparencia, constituyéndose en un eminente rechazo de la nueva generación en las urnas.

Según la PNUD, el 63.7% de la población salvadoreña es joven (menores de 30 años de edad). Ante este y otros factores, surge la necesidad de unificar esta parte de la población para empezar a decidir el rumbo del país. La juventud representa la clave para El Salvador porque somos los que decidiremos el camino y los medios. Todos podemos hacer nuestra parte, a través de distintas iniciativas ciudadanas, estudiantiles, políticas y de cualquier otra índole.

Este proceso a largo plazo ya comenzó a dar resultados muy prometedores. El tiempo para la juventud es hoy, porque la mayor conquista que alcanzaremos será la de un pueblo educado, autocrítico e inteligente, a quienes quiero hoy llevar este vehemente llamado. Finalizo con el pensamiento del alemán Werner Heisenberg: “el mundo será lo que la juventud quiera; si ésta ama la verdad y el bien, eso habrá en el mundo”.

 

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