Opinión

2 Dic 2014
Opinión | Por: Carlos Segura

La importancia de la inversión privada

Señores, ¡pongámonos las pilas! Si queremos crecimiento y desarrollo, tenemos que crear las condiciones para invertir. Sin empresas no hay crecimiento, por lo tanto no hay desarrollo.

Hace dos años publiqué una columna llamada “Gobierno, empresa privada y bien común”, en la cual explicaba que “el sector privado es el que genera la riqueza de un país, crea empleos y da la mayoría de oportunidades profesionales a la población. No es el gobierno el que crea la riqueza, es el sector privado”. Además, hablaba de la necesidad de un buen entendimiento entre el gobierno y el sector privado, por el bien de la economía y de la población en general.

Un gobierno responsable que de verdad quiera hacer crecer la economía de su país y mejorar las condiciones de vida de su gente, debe imperativamente tener buenas relaciones con la empresa privada y crear “las condiciones para un buen clima de negocios, un marco legal estable y bien estructurado, para respetar las reglas del juego, darle a las empresas la seguridad pública y jurídica necesaria para contribuir con la creación de empleo y el crecimiento económico”.

Estamos ahora en 2014 y en El Salvador tenemos un nuevo gobierno. Se ha creado la figura del “Comisionado para la Inversión”, encarnada por nuestro vicepresidente, Óscar Ortiz, quien es conocido por su dinamismo y buena labor como alcalde en Santa Tecla. Ortiz se ha caracterizado por su buena relación con el sector privado y por su discurso favorable a la importancia de las empresas para mejorar las condiciones del país. Desde sus tiempos de alcalde, hemos visto cómo atrajo millones de dólares en inversiones a Santa Tecla, y ahora está a cargo de atraer inversiones para todo el país. Me parece una excelente idea haber creado dicha figura. El país necesita verdaderamente de más inversiones, ya que en los últimos años nuestra economía se ha quedado estancada y hemos estado en los puestos más bajos de América Latina en rankings de crecimiento económico y productividad, después de haber sido durante años líderes en los mismos rankings.

Las cifras económicas de El Salvador en los últimos años son alarmantes. En 2005 estábamos en la posición 56 del Índice de Competitividad del Foro Económico Mundial. En 2014, estamos en la posición 97, muy por debajo de países vecinos como Panamá (40) y Costa Rica (56). En 2005, estábamos en la posición 75 del Informe “Doing Business” (Facilidad de hacer negocios). En 2014, estamos en la posición 109. Las tasas de crecimiento de la economía han sido bajas: 2 por ciento en 2011, 1.6 por ciento en 2012 y 1.9 por ciento en 2013, comparadas con tasas de crecimiento de más del 4 por ciento en años anteriores al 2009. La economía salvadoreña creció 2 por ciento en el primer trimestre de 2014.

Señores, ¡pongámonos las pilas! Si queremos crecimiento y desarrollo, tenemos que crear las condiciones para invertir. Sin empresas no hay crecimiento, por lo tanto no hay desarrollo. Todo gobierno, de izquierda o derecha, debe promover las inversiones privadas, ya que es el único camino hacia el desarrollo. Algunos países como Taiwán, Corea del Sur y Singapur, eran más pobres que El Salvador hace 70 años y ahora, gracias a una política activa de atracción de inversiones, se han convertido en potencias económicas.

Debemos estar conscientes de la importancia de la inversión privada. Todo gobierno debe tomar las medidas necesarias para incentivarla. Y del otro lado, la empresa privada debe adaptarse a las reglas del juego democrático, y esforzarse por invertir y llevar buenas relaciones con el gobierno de turno, ya sea de izquierda o de derecha. De eso se trata la democracia.

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