Opinión

16 Mar 2018
Opinión | Por: Juan Carlos Menjívar

La importancia de la imagen política

 

“El candidato debe encarnar una combinación entre líder, dios, padre, papa, rey”- Joe McGinniss

 

Dentro del bello mundo la política nada es más importante que la imagen del político; ni los estudios, ni el árbol genealógico, ni la posición económica, lo que realmente  importa  es la imagen política. Claro los pasados elementos pueden incidir positiva o negativamente en la construcción de la imagen, pero únicamente representan un agregado para llegar al fin mayor. Por ejemplo, los estudios, mejor dicho la culminación de estudios superiores en El Salvador no representan un requisito social para llegar a la punta más alta del ejecutivo y si dos presidentes bachilleres, un maestro y un candidato bachiller, no es una prueba de esto, nada lo es.

En la política, la imagen no es únicamente un recurso, sino también un instrumento, una herramienta y hasta puede verse como el proceso  para acceder, ejercer y conservar el poder.

La verdadera imagen política es aquella que por sí misma representa todas las cualidades que el líder perfecto pueda tener, debe generar orgullo para sus fieles  seguidores y provocar temor aún en los adversarios más aguerridos, y esto no se puede lograr de manera artificial, por más letreros o publicidad que se haga.

Ya podemos entender que el tener imagen política no significa atestar al pueblo con publicidad, aquellos que realmente la tienen son los que menos necesitan hacerla. Por otra parte, lo más difícil para un publicista es vender un candidato vacío. Y en El Salvador, tenemos políticos de tan baja calidad, que no logran entender que no se construye una imagen política durante la campaña.

En un país tercermundista como el nuestro, la imagen política, por sobre todo, debe significar credibilidad, aquello que más sufre nuestras instituciones o pregúntenle al TSE. Una institución que por años ha sufrido de falta de credibilidad, estaba realizando un trabajo bueno este año, un “pequeño error” fuera de su control y todo se cayó; luego llegó una figura, que si cuenta con credibilidad, a patearlos y ahora todo el proceso está sucio.

Particularmente en un país como el nuestro, donde las instituciones públicas están notablemente deterioradas, donde la confianza es lo que más falta y los funcionarios públicos no gozan de una autoridad moral para con la población; el formar una imagen política dentro del sistema es sumamente complicado, todo es propicio a que “los buenos políticos” vengan de afuera. Pero, siempre hay excepciones, en caso que ya este en el sistema esta persona debe estar “más afuera que adentro” sólo así se puede comprender la fuerza de la imagen de Bukele, en menor medida de Wright, quienes han estado como Alcalde y Diputado; pero, no eran guiados por los estándares del sistema, sino que mantenían una de “forastero” que llega arreglar el desorden.

Cuando ya se tiene una imagen, y todo lo que está significa, es muy difícil perderla, es necesario actuar verdaderamente mal para qué población deje de confiar; pequeños cargos de corrupción, pequeñas pérdidas patrimoniales para el Estado o incumplimiento de promesas electorales no significan un daño significativo para el político, ya que son sus mismos seguidores se encargan de minimizar el asunto.

Es recomendable que la construcción de la imagen política sea lenta y paulatina, así como hizo Callejas y los periódicos, que primero lo publicitaban en pequeñas notas y luego ya abarcaba casi todo el diario, y esto años antes de ser candidato. Tal vez, sin darnos cuenta en este preciso momento somos parte de la construcción de imagen del candidato a presidente del 2050.

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